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Historias de la Biblia para leer con los niños

Jesús muere en la cruz

Lucas, capítulo 23, y Juan, capítulo 19

1Jesús no había hecho nada malo

Unos jefes del pueblo no querían a Jesús. Lo llevaron ante Pilato, el gobernador romano.

Pilato le hizo preguntas y después dijo: «En este hombre no veo ninguna falta». Quería dejarlo libre. Pero ellos gritaron e insistieron tanto que, al final, Pilato entregó a Jesús para que lo crucificaran, es decir, para que muriera en una cruz.

2Simón ayuda a llevar la cruz

Mientras llevaban a Jesús, pararon a un hombre que volvía del campo, Simón, de la ciudad de Cirene, y le dieron la cruz para que la llevara detrás de Jesús.

Mucha gente iba con Jesús, y también unas mujeres que lloraban por él.

3«Padre, perdónalos»

Cuando llegaron al sitio, crucificaron a Jesús: lo pusieron en una cruz de madera.

Y Jesús decía:

«Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».

Lucas 23, 34

Jesús perdonaba.

4En el paraíso

Junto a Jesús habían crucificado también a otros dos hombres. Uno de ellos le dijo: «Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu reino».

Y Jesús le contestó:

«Te lo aseguro: hoy mismo estarás conmigo en el paraíso».

Lucas 23, 43

5María y Juan, cerca de Jesús

El evangelio de Juan cuenta que junto a la cruz estaban de pie María, la madre de Jesús, y el discípulo al que Jesús quería, Juan.

Jesús vio a su madre y le dijo: «Mujer, mira: ese es tu hijo». Y al discípulo le dijo: «Mira: esa es tu madre».

Desde entonces, el discípulo tuvo a María consigo en su casa.

6En las manos del Padre

Hacia el mediodía, el cielo se oscureció, y siguió oscuro hasta las tres de la tarde.

Entonces Jesús dijo con voz fuerte:

«Padre, pongo mi espíritu en tus manos».

Lucas 23, 46

Y, después de decirlo, murió. Jesús se puso del todo en las manos de su Padre. Lo había dado todo por amor.

Un capitán de los soldados, al ver lo que había pasado, alabó a Dios y dijo: «De verdad, este hombre era justo».

7Una tumba nueva

Había un hombre bueno y justo, llamado José, que era de Arimatea. Pidió a Pilato el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una tela de lino y lo puso en una tumba labrada en la piedra, donde todavía no habían puesto a nadie.

Las mujeres que habían venido con Jesús desde Galilea vieron la tumba. Volvieron a casa a preparar perfumes, y el sábado descansaron.

Esto no es el final

Jesús lo dio todo por amor. Perdonó, y confió en su Padre hasta el final.

Pero la historia de Jesús no termina aquí. El primer día de la semana, muy temprano, pasó algo maravilloso. Lo cuenta la historia siguiente: ¡Jesús ha resucitado!