Cómo rezar con la Biblia, paso a paso.
La lectio divina es una forma antigua de leer la Biblia que no busca solo entenderla, sino dejar que Dios hable a través de ella. No hace falta ser experto ni tener mucho tiempo: basta un pasaje breve, silencio y disposición para escuchar.
La lectio divina, «lectura divina» o «lectura orante», es un método de oración que toma un texto de la Escritura y lo recorre en varios pasos, desde la lectura atenta hasta el silencio ante Dios. No es un estudio bíblico ni un análisis: es un diálogo con Dios que usa su Palabra como punto de partida.
Su forma clásica en cuatro pasos se debe al monje cartujo Guigo II, que en el siglo XII escribió una carta breve llamada «Scala claustralium», la «escala de los monjes», donde compara estos cuatro momentos con los peldaños de una escalera que sube hasta el cielo. Guigo recogía así una práctica ya viva en el monaquismo, sobre todo benedictino, que desde siglos antes unía la lectura de la Biblia con la oración silenciosa.
Hoy la practican monjes y monjas en sus monasterios, pero también cualquiera que quiera probarla en su casa: no hace falta pertenecer a ningún lugar ni pedir permiso a nadie, solo un texto de la Biblia y un rato de silencio.
Toma, por ejemplo, el pasaje de Marta y María en Lc 10,38-42. En la lectio, lees el texto despacio. En la meditatio, dejas que resuene la escena de Marta afanada con muchas cosas y María escuchando a Jesús sentada a sus pies, y te preguntas libremente qué te dice hoy esa imagen, sin más. En la oratio, le hablas a Jesús con sencillez de lo que eso ha movido en ti. Y en la contemplatio, te quedas un rato en silencio, sin buscar más palabras.
Un pasaje breve, unos versículos, abren tanto camino como uno largo.
El sitio y el momento son libres. No hace falta nada especial: un rincón tranquilo y un rato del día que te venga bien pueden ser suficientes, y cada uno encuentra su propio ritmo.
El tiempo también es abierto. Diez minutos, quince, o los que apetezcan ese día: la lectio divina se adapta a ti, no al revés.
El Evangelio del día es una posibilidad sencilla. Si no sabes qué pasaje elegir, cada día hay uno propio de la Misa, el mismo en todas partes, y así tu oración se une, si quieres, a la de otros muchos que ese día leen el mismo texto.
Salmodiando te pone delante cada día las lecturas de la Misa y las horas de la Liturgia, con sus himnos y sus salmos, sin buscar nada. Puedes rezarlas solo o a coros con tu grupo. Gratis, sin registro y sin anuncios.