Historias de la Biblia para leer con los niños
Tobías y el ángel Rafael
Libro de Tobías
1Tobit y su hijo Tobías
Hace muchísimo tiempo, en la gran ciudad de Nínive, vivía un hombre bueno llamado Tobit, con su esposa Ana y su hijo Tobías. Tobit daba su pan a los que pasaban hambre y ropa a los que no tenían.
Una noche de calor, Tobit se tumbó a dormir en el patio, junto a un muro. En el muro había unos gorriones, y dejaron caer algo sobre sus ojos. Se le formaron unas telillas blancas, y Tobit se quedó ciego. Estuvo cuatro años sin poder ver.
2Un compañero de viaje
Un día, Tobit se acordó de que, hacía veinte años, había dejado guardada mucha plata en casa de un hombre llamado Gabael, en el país de Media, muy lejos. Le pidió a Tobías que fuera a recogerla y que buscara a alguien que conociera el camino.
Tobías salió a buscar y se encontró con un joven. Era el ángel Rafael, ¡pero Tobías no lo sabía! El joven dijo que se llamaba Azarías y que conocía muy bien todos los caminos de Media.
Cuando Tobit lo conoció, el joven le dijo: «Dios está cerca para sanarte; ánimo».
3En camino, con el perro
Tobías se despidió de su padre y de su madre con un beso. Ana lloraba, porque su hijo se iba lejos. Pero Tobit la tranquilizó: le dijo que «un buen ángel viajará con él, su camino tendrá éxito y volverá sano».
Y así se fueron Tobías y el ángel. ¡Y el perro salió también con ellos!
4Un pez enorme
Al caer la primera noche llegaron al río Tigris. Tobías bajó al río a lavarse los pies y, de repente, un pez enorme saltó del agua e intentó tragarle el pie. ¡Tobías dio un grito!
El ángel le dijo: «Agárralo y no lo sueltes». Tobías lo sujetó y lo sacó a tierra. Rafael le dijo que guardara algunas partes de dentro del pez, porque eran un buen remedio. Una de ellas, la hiel, servía para curar los ojos. Después asaron un trozo del pez y se lo comieron.
5En casa de Ragüel
Cuando se acercaban a la ciudad de Ecbatana, Rafael le habló a Tobías de un pariente suyo, Ragüel, que tenía una hija llamada Sara. Y le dijo: «La joven es sensata, valiente y muy hermosa, y su padre es un buen hombre».
Fueron a casa de Ragüel. Cuando Ragüel supo que Tobías era hijo de Tobit, dio un salto, lo besó y lloró. Su esposa Edna y su hija Sara lloraron también.
6La boda de Tobías y Sara
Tobías pidió casarse con Sara, y Ragüel dijo que sí. La cogió de la mano y se la dio a Tobías como esposa.
Esa noche, Tobías y Sara rezaron juntos. Tobías empezó así:
«Bendito seas, Dios de nuestros antepasados».
Tobías 8, 5
Y le pidió a Dios que los dos llegaran juntos hasta la ancianidad. Después hubo catorce días de fiesta. Mientras tanto, el ángel fue a casa de Gabael a recoger la plata, y Gabael vino también a la boda.
7Ana mira el camino
En Nínive, Tobit y Ana contaban los días. Ana salía cada día a mirar el camino por donde tenía que volver su hijo.
Por fin, Tobías y Sara se pusieron en marcha hacia Nínive. Cuando ya estaban cerca, Tobías y el ángel se adelantaron, y el perro iba detrás de ellos.
Ana, que vigilaba el camino, reconoció a su hijo de lejos y avisó a su marido: «¡Ahí llega tu hijo, y con él el hombre que lo acompañó!».
8¡Te estoy viendo!
Ana corrió a abrazar a su hijo. Tobit se levantó y fue hacia la puerta, tropezando.
Tobías le sopló en los ojos, le puso la hiel del pez y le dijo: «Valor, padre». Y le quitó las telillas blancas de los ojos. ¡Tobit veía otra vez! Se echó al cuello de su hijo y le dijo:
«¡Te estoy viendo, hijo mío, luz de mis ojos!».
Tobías 11, 13
Después salió a recibir a Sara, su nuera, y aquel día hubo fiesta.
9«Yo soy Rafael»
Cuando Tobit quiso pagar al compañero de su hijo, el ángel los llamó aparte y les dijo quién era de verdad: «Yo soy Rafael». Dios lo había enviado para curar a Tobit y también a Sara.
Tobit y Tobías se asustaron y cayeron con el rostro en tierra, pero el ángel les dijo:
«No tengáis miedo; la paz sea con vosotros».
Tobías 12, 17
Luego subió hacia Dios, que lo había enviado. Y ellos se quedaron cantando a Dios y dándole gracias.
Un ángel en el camino
Dios escuchó a Tobit y a Sara, y envió a su ángel Rafael para acompañar a Tobías en todo el viaje, a la ida y a la vuelta.
Dios también te acompaña a ti en todos tus caminos.