salmodiando.es

Novena a Santiago Apóstol

Nueve días de oración, con una meditación para cada día.

Del 16 de julio al 24 de julio. Fiesta el 25 de julio.

El 25 de julio se celebra a Santiago Apóstol, el hijo de Zebedeo, pescador de Galilea y primero de los apóstoles en dar la vida por Jesús. Según la tradición, su sepulcro está en Compostela, y hacia él caminan desde hace siglos peregrinos de todas partes. Durante los nueve días anteriores, del 16 al 24 de julio, quien quiera puede prepararse así: cada día, una meditación breve, tu petición en silencio, un Padre nuestro, un Avemaría y un Gloria, y la oración final. Al paso de cada uno, como en el Camino.

Rezarla en Salmodiando

Cómo se reza

  1. La meditación del día.
  2. Tu petición. En silencio, pon delante de Santiago el tramo de camino que ahora te toca andar y lo que llevas en la mochila.
  3. Un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
  4. La oración final, que es la misma los nueve días.

Los nueve días:

Día 1Día 2Día 3Día 4Día 5Día 6Día 7Día 8Día 9

Día 1. Remendando las redes

16 de julio

«Vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca remendando las redes.» (Mc 1,19)

La primera vez que el evangelio nombra a Santiago, lo encuentra trabajando. Está en la barca con su hermano Juan, a orillas del lago de Galilea, arreglando las redes rotas después de una noche de pesca. Nada solemne: manos curtidas, olor a pescado, una tarea que se repite cada día. Ahí pasa Jesús y se fija en él. No lo llama en un templo ni en un momento especial, sino en mitad de lo de siempre. Tu vida también tiene sus redes que remendar: trabajo, casa, cansancios que vuelven. Esta novena empieza justo ahí, en lo que estás haciendo hoy. No hace falta cambiar de ropa para que el Señor pase. Pasa por la orilla de cada día y te mira con calma.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 2. Dejar la barca

17 de julio

«Y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él.» (Mc 1,20)

Marcos cuenta la escena con pocas palabras: Jesús los llama y ellos se van con él, dejando a su padre en la barca con los jornaleros. Detrás de esa frase hay una familia con negocio propio, un padre que se queda y dos hijos que se marchan hacia algo que todavía no entienden. Seguramente no fue fácil para ninguno. Santiago no sabía adónde lo llevaría aquel camino; solo sabía con quién iba. A veces la vida también pide soltar algo: una seguridad, un lugar, una manera de hacer las cosas. Y a veces lo que toca es quedarse, como Zebedeo, sosteniendo la barca para otros. Las dos cosas caben ante Dios. Hoy puedes mirar qué te está pidiendo soltar la vida, y qué te pide guardar.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 3. Hijos del trueno

18 de julio

«A Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, hermano de Santiago, les puso por nombre Boanerges, que quiere decir hijos del trueno.» (Mc 3,17)

Jesús les puso un mote a Santiago y a Juan: los hijos del trueno. No parece que fueran precisamente tranquilos. En otra ocasión, cuando un pueblo de Samaria no quiso recibirlos, propusieron hacer bajar fuego del cielo. Jesús se volvió y los reprendió, y siguieron camino hacia otra aldea. Lo bonito es que no los echó del grupo por su carácter. Los quiso con su genio, con su prisa y con su fuego, y fue enseñándoles poco a poco a poner ese fuego al servicio de la vida y no de la ira. Si tú también tienes un carácter fuerte, si a veces se te va la mano o la lengua, no estás lejos de Santiago. Dios no apaga lo que eres: lo va templando despacio.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 4. En lo alto del monte

19 de julio

«Tomó Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, su hermano, y los llevó aparte a un monte alto.» (Mt 17,1)

Santiago fue uno de los tres que Jesús llevó consigo en los momentos más íntimos. En el monte de la Transfiguración vio su rostro brillar como el sol y sus vestidos volverse blancos como la luz. Fue un instante de claridad, de esos que se quedan grabados para siempre. Pedro quería hacer tiendas y quedarse allí. Pero tocaba bajar, y bajaron. En la vida también hay momentos de luz: una alegría, un encuentro, una certeza que llega sin buscarla. No duran, y no pasa nada. Sirven para caminar después, cuando el camino se vuelve gris. Hoy puedes recordar tus propias cumbres, las veces en que sentiste a Dios cerca, y guardarlas como agua para los días de sed.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 5. ¿Podéis beber el cáliz?

20 de julio

«¿Podéis beber el cáliz que yo voy a beber? Le dicen: Podemos.» (Mt 20,22)

Un día, la madre de Santiago y de Juan se acerca a Jesús con una petición: que sus hijos se sienten uno a su derecha y otro a su izquierda en su reino. Es la petición de una madre que quiere lo mejor para los suyos. Jesús no se enfada. Les pregunta si pueden beber su cáliz, y ellos responden enseguida que sí, sin saber del todo lo que dicen. Aquel sí tan rápido, algo ingenuo, fue tomado en serio. Años después, Santiago lo cumpliría. Dios no desprecia nuestros sí imperfectos, dichos con más entusiasmo que conocimiento. Los acoge y les da tiempo para madurar. Hoy puedes ofrecerle tu propio sí, tal como te salga, sabiendo que él sabrá qué hacer con él.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 6. En el huerto, de noche

21 de julio

«Tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y comenzó a sentir pavor y angustia.» (Mc 14,33)

Los mismos tres que vieron la luz del monte son los que Jesús lleva consigo a Getsemaní, la noche antes de su muerte. Allí no hay resplandor. Hay miedo, tristeza y un hombre que pide a sus amigos que se queden cerca. Santiago se durmió, como los otros. El cansancio pudo más que el deseo de acompañar. Jesús los encontró dormidos y no les retiró su amistad. Hay noches en que tampoco llegas: quieres estar al lado de alguien que sufre y no te salen las fuerzas. O eres tú quien pasa la noche y los demás no se enteran. Santiago conoce las dos cosas. Hoy puedes presentarle a quienes atraviesan su propio huerto, y también tus propias noches sin palabras.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 7. El primero en dar la vida

22 de julio

«Hizo morir a espada a Santiago, hermano de Juan.» (Hch 12,2)

Los Hechos de los Apóstoles cuentan la muerte de Santiago en una sola línea. El rey Herodes Agripa lo mandó matar a espada en Jerusalén, hacia el año 44. Fue el primero de los doce en dar la vida por Jesús. Aquel joven que dijo «podemos» sin saber bien lo que decía, lo cumplió hasta el final. No hay en el relato gestos heroicos ni discursos: solo la fidelidad de alguien que no se echó atrás. La mayoría de las personas no pasará nunca por algo así. Pero todos conocemos la fidelidad pequeña: seguir queriendo, seguir cuidando, seguir creyendo cuando cuesta. Hoy puedes rezar por quienes sufren por su fe en cualquier lugar del mundo, y pedir para ti una fidelidad sencilla, sin miedo.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 8. Hasta el confín de la tierra

23 de julio

«Seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta el confín de la tierra.» (Hch 1,8)

Según una tradición muy antigua, Santiago llegó a predicar en Hispania, en el extremo occidental del mundo conocido, y después de su muerte sus discípulos trajeron su cuerpo a Galicia. Se cuenta que siglos más tarde un ermitaño vio unas luces sobre un bosque y allí se encontró el sepulcro. De ahí nació Compostela. Más allá de lo que la historia pueda comprobar, esa tradición ha unido a pueblos enteros. Su nombre cruzó después el océano y hoy lo llevan ciudades y pueblos de toda América, de Chile a México. Santiago es un apóstol que sale, que va lejos, que no se queda en casa. Hoy puedes rezar por los que viven lejos de su tierra, y por los que llevan algo bueno a otros lugares.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Día 9. Peregrinos

24 de julio

«El mismo Jesús se acercó y se puso a caminar con ellos.» (Lc 24,15)

Desde hace más de mil años, gente de todas partes se pone en camino hacia Santiago. Unos por fe, otros por buscar algo, otros sin saber muy bien por qué. En el Camino se comparte el pan, se curan ampollas ajenas, se habla con desconocidos que al tercer día ya son amigos. Se aprende a llevar solo lo necesario. Y muchos descubren que lo importante no era solo llegar, sino con quién se caminaba. Como los de Emaús, que no reconocieron a Jesús hasta el final. Toda vida es un poco camino de Santiago, con etapas duras y albergues inesperados. Terminas la novena con la fiesta ya cerca. Puedes llevar a ella a todos los que caminan contigo, y a los que caminan solos.

Tu petición, un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y la oración final.

Oración final

Santiago, amigo del Señor, tú dejaste la barca y las redes para ir tras él, subiste al monte y bajaste al huerto, bebiste su cáliz hasta el final. Acompáñame en el camino que tengo delante, con sus cuestas y sus días de sol. Cuando me canse, recuérdame que nadie camina solo. Cuando me pierda, ayúdame a encontrar la flecha que lleva a casa. Pon en mí algo de tu fuego, sin prisa y sin miedo, y enséñame a llegar con el corazón abierto. Amén.

Rezarla en Salmodiando

En la app te lleva cada día al día que te toca, aunque empieces tarde, y puedes poner un aviso en el calendario de tu móvil. Gratis, sin registro y sin anuncios.

Rezarla en Salmodiando

Sigue rezando