A las tres de la tarde, la hora en que Jesús murió en la cruz.
La Coronilla de la Divina Misericordia es una oración breve que se reza con el rosario, pidiendo misericordia para uno mismo y para el mundo entero. Nació de las revelaciones que santa Faustina Kowalska, una religiosa polaca, dijo haber recibido de Jesús en 1935, y desde entonces se ha extendido entre los católicos de todo el mundo como una de las devociones más difundidas del siglo veinte.
Fuera de estos momentos puede rezarse cualquier día, sola o junto con el Rosario, porque no exige ni una hora ni una fecha concretas: solo el rosario en la mano y un rato de silencio.
Quien quiera puede rezarla con un rosario corriente, de cinco decenas, más o menos así:
En la cuenta grande:
Padre Eterno, te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de tu amadísimo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, en propiciación por nuestros pecados y los del mundo entero.
En cada cuenta pequeña:
Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.
Al concluir, tres veces:
Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero.
Puede cerrarse con una breve jaculatoria de confianza, como «Jesús, en ti confío», repetida despacio antes de terminar.
Salmodiando te pone delante cada día las horas completas de la Liturgia de las Horas, con sus himnos, sus salmos y sus lecturas propias, sin buscar nada. Puedes rezarlas solo o a coros con tu grupo. Gratis, sin registro y sin anuncios.