Cuarenta días de camino hacia la Pascua.
La Cuaresma es el tiempo en que los cristianos se preparan para celebrar la muerte y la resurrección de Jesús. Son cuarenta días para volver a Dios, cada uno a su paso: quitar lo que sobra, hacer sitio a lo que importa y llegar a la Pascua con el corazón renovado.
En la Biblia, cuarenta es el número de la prueba y de la preparación. Cuarenta días duró el diluvio, cuarenta años caminó el pueblo de Israel por el desierto, cuarenta días ayunaron Moisés en el Sinaí y Elías camino del Horeb. Y sobre todo, cuarenta días pasó Jesús en el desierto antes de empezar su vida pública (Mt 4,1-11).
La Cuaresma nos lleva con él a ese desierto. En los primeros siglos era además el tiempo en que se preparaban los que iban a bautizarse en la noche de Pascua, y toda la comunidad los acompañaba con su oración y su penitencia.
Empieza el Miércoles de Ceniza, cuando se impone la ceniza en la frente con estas palabras: «Convertíos y creed en el Evangelio», o bien «Recuerda que eres polvo y al polvo volverás». Termina el Jueves Santo por la tarde, cuando empieza el Triduo Pascual con la Misa de la Cena del Señor.
La fecha cambia cada año porque depende de la Pascua, que se celebra el domingo después de la primera luna llena de primavera. El Miércoles de Ceniza cae siempre 46 días antes del Domingo de Resurrección.
El color litúrgico es el morado. El cuarto domingo, llamado Laetare («alégrate»), puede usarse el rosa: la Pascua ya se ve en el horizonte.
Jesús habla de las tres en el sermón de la montaña (Mt 6,1-18), y desde entonces son el camino de la Cuaresma:
Ayunar no es un castigo ni una dieta: es dejar un hueco para que lo llene Dios. La tradición guarda dos días de ayuno, el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, y los viernes de Cuaresma sin carne. Cada uno lo vive según su salud, su edad y su vida, con libertad.
Elige poco. Un gesto pequeño y constante durante cuarenta días dice más que muchos grandes que se olvidan a la semana.
Reza las horas. Las horas de Cuaresma tienen himnos, lecturas y preces propias que acompañan el camino. Las Laudes al empezar el día y las Completas antes de dormir son un buen comienzo.
Déjate reconciliar. Es un buen tiempo para el perdón: el de Dios, que siempre está abierto, y el que tú puedas ofrecer a quien tengas cerca.
Salmodiando te pone delante cada día de la Cuaresma las horas completas, con sus himnos y lecturas propias, sin buscar nada. Puedes rezarlas solo o a coros con tu grupo. Gratis, sin registro y sin anuncios.