Dios se hace niño, y se queda con nosotros.
En Navidad celebramos que el Hijo de Dios nació en Belén, pobre, de una madre joven, en un pesebre. No es solo un recuerdo bonito: es la fe en que Dios ha querido ser uno de nosotros para siempre. Por eso la Navidad no cabe en un día, y se celebra durante varias semanas.
El color litúrgico es el blanco, el de la luz y la alegría.
La costumbre de representar el nacimiento viene de san Francisco de Asís, que en la Navidad de 1223 preparó en Greccio, en Italia, un pesebre con un buey y un asno para celebrar allí la Misa. Quería ver con sus propios ojos la pobreza con la que Dios había querido nacer.
Desde entonces el belén ha entrado en iglesias, plazas y casas. Montarlo en familia, poner al Niño en la cuna la Nochebuena y acercar los Reyes poco a poco hasta el 6 de enero es una manera sencilla de rezar con las manos.
Con la Liturgia de las Horas. Los himnos, las antífonas y las lecturas de la Navidad son de los más hermosos del año. Si sueles rezar una sola hora, estos días prueba a rezar las Laudes y las Vísperas.
Delante del belén. Un momento en silencio ante el Niño, sin pedir nada, solo mirando. Muchos santos rezaban así.
Con los demás. La Navidad se celebra en familia, pero también tiene sitio para quien está solo, enfermo o lejos. Una llamada, una visita o una mesa abierta son parte de la fiesta.
Salmodiando te pone delante cada día de la Navidad las horas completas, con sus himnos y lecturas propias, sin buscar nada. Puedes rezarlas solo o a coros con tu grupo. Gratis, sin registro y sin anuncios.