Siete comerciantes de Florencia que se hicieron siervos de María.
Es una fiesta rara: no recuerda a un santo, sino a siete a la vez, y ninguno de ellos destaca sobre los demás. Eran hombres de negocios de una ciudad próspera y revuelta que decidieron vivir juntos, pobres y en oración, mirando a la Virgen. De su amistad nació una orden religiosa que sigue viva ocho siglos después. Aquí tienes su historia, lo que es seguro y lo que cuenta la tradición, y una oración para hoy.
La Florencia de comienzos del siglo XIII era una ciudad rica gracias al comercio de la lana y de los paños, y estaba partida en bandos que se odiaban. En medio de ese ambiente, siete comerciantes de familias acomodadas formaban parte de una cofradía de laicos dedicada a la Virgen. Sus nombres, en italiano, eran Bonfiglio Monaldi, Bonagiunta Manetti, Manetto dell'Antella, Amadio degli Amidei, Uguccione degli Uguccioni, Sostegno dei Sostegni y Alessio Falconieri.
Según la tradición de la orden, en 1233 decidieron dejarlo todo. No se conservan documentos de aquellos primeros pasos, y por eso los detalles se cuentan aquí con prudencia. Lo que sí está claro es la dirección del cambio: dejaron casas, negocios y posición para vivir en común, con pobreza, oración y penitencia.
Primero se instalaron en una casa a las afueras de la ciudad. Pero la gente empezó a buscarlos, unos por curiosidad y otros para pedirles consejo, y les resultó imposible vivir en recogimiento. Se marcharon entonces al monte Senario, una montaña boscosa al norte de Florencia, y allí levantaron una pequeña iglesia y unas celdas.
Con el tiempo se les unieron otros hombres, y los siete comprendieron que no podían quedarse solo en el monte. Adoptaron la Regla de san Agustín, recibieron el sacerdocio todos menos uno y se pusieron a predicar y a fundar casas en las ciudades, como hacían por entonces franciscanos y dominicos. Se llamaron Siervos de María: querían servir a Dios aprendiendo de la Virgen, la que se llamó a sí misma la esclava del Señor.
El camino hasta la aprobación fue largo. La orden recibió una primera aprobación pontificia a mediados del siglo XIII y la definitiva en 1304, con el papa Benedicto XI. Para entonces seis de los fundadores ya habían muerto. El único que vivió para verla fue Alessio Falconieri, el que por humildad no quiso ordenarse sacerdote y se quedó como hermano lego toda su vida.
Alessio murió en el monte Senario el 17 de febrero de 1310, y la tradición dice que con más de cien años. Por eso la fiesta de los siete cae en esta fecha. León XIII los canonizó juntos en 1888, un caso muy poco frecuente, y sus restos reposan en un mismo sepulcro en el monte Senario.
Lo que distingue a los servitas es su forma de mirar a María. No la contemplan solo gozosa o gloriosa, sino de pie junto a la cruz, compartiendo el dolor de su Hijo. De ahí nacieron la devoción a los siete dolores de la Virgen, la corona de los dolores que se reza con siete septenarios y el Via Matris, un camino de oración paralelo al Vía Crucis que recorre las penas de María. La memoria de la Virgen de los Dolores, el 15 de septiembre, debe mucho a su empeño.
En Florencia fundaron la iglesia de la Santissima Annunziata, que sigue siendo su gran santuario en la ciudad. Y de la orden salieron otros santos muy queridos: san Felipe Benicio, que la gobernó y la extendió en el siglo XIII; santa Juliana Falconieri, sobrina de Alessio, que dio forma a la rama femenina; y san Peregrino Laziosi, al que muchos enfermos de cáncer se encomiendan.
Hoy los Siervos de María están presentes en los cinco continentes, con frailes, monjas de clausura, religiosas de vida activa y laicos que comparten su espiritualidad.
La Iglesia celebra muchas veces a santos que murieron juntos, mártires sobre todo. Aquí no hay un martirio común, sino una vida en común. Los siete no se repartieron la gloria: la tradición servita insiste en que fundaron la orden como un grupo de hermanos, sin un jefe que se llevara el mérito. En una ciudad dividida por las rivalidades entre familias, siete hombres de casas distintas aprendieron a vivir como uno solo.
Quizá por eso su fiesta dice algo a quien vive en comunidad, en familia o en un grupo de oración: la santidad también se hace a varias manos. No hay una oración tradicional de los siete que se haya difundido fuera de la orden. Esta es una oración escrita para esta página:
Señor, siete amigos dejaron sus negocios para servirte con sencillez, y aprendieron de María a quedarse junto a la cruz cuando duele.
Dame su capacidad de vivir unido a los demás sin buscar el primer puesto, y enséñame a acompañar a quienes sufren sin huir de su dolor.
Te pido por los Siervos de María y por todos los que hoy rezan con la Virgen de los Dolores. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Si quieres unirte a su memoria, puedes empezar por aquí:
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