Obispo de Sebaste y mártir, el santo al que se acude por la garganta.
El 3 de febrero, al día siguiente de la Candelaria, muchas parroquias bendicen las gargantas de quien se acerca, y en muchos pueblos se reparten roscos y cordones bendecidos. Detrás de estas costumbres hay un obispo de Armenia de comienzos del siglo IV del que se sabe poco con seguridad, pero al que los cristianos de Oriente y de Occidente han recordado durante muchos siglos.
Blas fue obispo de Sebaste, en la antigua Armenia (la actual Sivas, en Turquía), y murió mártir hacia el año 316, durante la persecución del emperador Licinio. Es lo que la tradición conserva con más constancia, y es lo esencial: un pastor que dio la vida por su fe.
El resto de su vida nos llega a través de unas actas de martirio escritas mucho después, con más intención edificante que rigor histórico. En ellas aparece como médico antes de ser obispo, retirado en una cueva del monte Argeo, donde los animales salvajes acudían a él sin hacerle daño, y finalmente detenido, torturado y degollado. Conviene leer esos relatos como lo que son: la manera en que las generaciones siguientes contaron la santidad de su obispo.
Su culto se extendió por toda la cristiandad. En la Iglesia latina forma parte de los llamados catorce santos auxiliadores, a los que se acudía en necesidades concretas, y las Iglesias orientales lo celebran el 11 de febrero. La ciudad croata de Dubrovnik lo tiene por patrono, y su fiesta figura desde 2009 en la lista del patrimonio cultural inmaterial de la UNESCO.
El motivo es un episodio de esas mismas actas: una madre le llevó a su hijo, que se ahogaba con una espina de pescado clavada en la garganta, y el obispo rezó por él y el niño se curó. De ahí nace la costumbre de pedir su intercesión por la salud de la garganta, y de ahí las tradiciones de su día:
Son costumbres populares, vividas como una oración hecha con gestos. No son un remedio ni un amuleto: quien está enfermo sigue necesitando al médico, y la bendición pone esa fragilidad en manos de Dios.
No hay una oración a san Blas tan extendida como para considerarla la oración tradicional; lo que se repite en todas partes es la breve fórmula de la bendición, que pide la salud de la garganta y del cuerpo entero. Esta oración está escrita para esta página:
Señor Dios nuestro, que diste a tu obispo san Blas un corazón de pastor y la fortaleza de dar la vida por ti: recibe hoy nuestra oración por todos los que sufren en el cuerpo.
Te confiamos la garganta, la voz y la respiración, las nuestras y las de quienes queremos. Cuida a los niños que enferman, a los que no pueden hablar, a los que esperan un diagnóstico, y a los médicos y enfermeras que los atienden.
Que nuestra voz, sana o cansada, sirva para darte gracias y para decir palabras buenas a los demás. Por intercesión de san Blas, guárdanos en tu paz. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Si quieres rezar el 3 de febrero por alguien que está enfermo, o por tu propia salud, puedes hacerlo desde aquí, solo o con otros:
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