El santo de las causas urgentes, del que casi todo es devoción y muy poco es historia.
Pocos santos tienen tantos devotos y tan pocos datos. San Expedito es muy querido, sobre todo en países como Argentina, Chile o Paraguay, y se acude a él cuando algo no puede esperar. Vale la pena saber con claridad qué es historia y qué es leyenda, porque la oración no depende de eso: quien reza, reza a Dios.
Lo único antiguo que tenemos es un nombre. El llamado Martirologio Jeronimiano, una lista de mártires compuesta en el siglo V, menciona a un Expedito dentro de un grupo de mártires de Melitene, en Armenia (la actual Malatya, en Turquía), recordados el 18 o el 19 de abril. No hay actas de su martirio ni relatos de su vida escritos en su época.
Por esa falta de datos, los estudiosos dudan de que se pueda saber nada cierto de él, e incluso de su existencia. Cuando se revisó el Martirologio Romano después del Concilio Vaticano II, su nombre no se incluyó, y tampoco figura en la edición de 2001. No tiene memoria en el calendario general. Decirlo no le quita nada a quien le tiene devoción: es, sencillamente, lo que se sabe.
La imagen que todos conocen, la de un soldado romano joven, nació después, de la devoción, que lo imaginó como un militar convertido.
Según la leyenda, cuando Expedito decidió hacerse cristiano se le apareció un cuervo que graznaba «cras», que en latín significa «mañana», como invitándole a dejarlo para más adelante. Él lo aplastó con el pie y respondió «hodie», «hoy». Por eso se le representa pisando un cuervo y levantando una cruz con la palabra HODIE.
Es una leyenda, sin base histórica, pero tiene su sentido: el juego entre el «mañana» que aplaza y el «hoy» que decide.
Circula otra historia muy repetida: que unas monjas, en Francia, recibieron una caja de reliquias sin nombre con la palabra «spedito» («enviado», en italiano) y la tomaron por el nombre del santo. Los historiadores la consideran una anécdota pintoresca, sin fundamento.
Su nombre, en latín expeditus, quiere decir «rápido», «desembarazado», y de ahí nació la costumbre de acudir a él cuando algo apremia. Hay noticias de su devoción en Sicilia desde el siglo XVII, en ciudades como Mesina y Acireale, que en 1781 lo tomó como segundo patrono. En el siglo XIX se extendió por Europa y por América.
Hoy muchos le encienden una vela o le dan gracias cuando lo urgente se resuelve. Son gestos de devoción, no condiciones: ninguna oración funciona por repetirla un número de veces ni obliga a Dios a un plazo. Si su figura te ayuda a rezar, reza con ella; si te frena que su historia sea tan incierta, puedes llevar la misma intención directamente a Dios, o a la Virgen, o a un santo que conozcas mejor.
Las oraciones que circulan a san Expedito son recientes y tienen muchas versiones; algunas prometen resultados en un plazo concreto, algo que no tiene fundamento. No reproducimos ninguna. En su forma más sencilla, lo que piden es ayuda rápida en un apuro y fuerza para no aplazar lo que hay que hacer.
Esta oración está escrita para esta página:
Señor, hoy vengo con prisa. Hay algo que me urge y no sé esperar; te lo pongo delante tal como está, sin adornos.
Con todos los que se encomiendan a san Expedito, te pido que me recuerdes que el tiempo es tuyo y que mi «hoy» también lo es. Dame calma para hacer lo que depende de mí y no dejarlo para mañana.
Lo que no depende de mí, lo dejo en tus manos. Que no me falte la paz mientras llega la respuesta, sea la que sea. Amén.
Si lo que te urge te quita el sueño, rezar un rato con otros ayuda a respirar. Algunas formas de hacerlo aquí:
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