Apóstol de Jesús, al que tantos acuden cuando una causa parece difícil.
Judas Tadeo fue uno de los doce apóstoles. Los evangelios cuentan muy poco de él, y durante siglos su nombre, el mismo que el del apóstol que entregó a Jesús, hizo que muchos lo dejaran de lado. Hoy es uno de los santos más queridos de América, y en México su fiesta llena las calles. Aquí tienes lo que se sabe de él, por qué se le reza y una oración para hacerlo.
Aparece en las listas de los Doce. Mateo y Marcos lo llaman Tadeo (Mt 10,3; Mc 3,18); Lucas lo llama «Judas de Santiago» (Lc 6,16; Hch 1,13). Juan recoge la única pregunta suya que conservamos: en la Última Cena, «Judas, no el Iscariote», pregunta a Jesús por qué va a manifestarse a ellos y no al mundo (Jn 14,22). Jesús le responde hablando del amor: quien lo ama guardará su palabra, y el Padre y él vendrán a vivir con él.
No es Judas Iscariote. Son dos apóstoles distintos que compartían un nombre muy corriente entre los judíos de su tiempo. Por eso los evangelistas se toman la molestia de distinguirlos, y por eso en muchas imágenes Judas Tadeo lleva en el pecho un medallón con el rostro de Cristo.
El Nuevo Testamento contiene una breve Carta de Judas, cuyo autor se presenta como «hermano de Santiago». La tradición la atribuye a este apóstol, aunque los estudiosos discuten si es él u otro Judas de la primera generación cristiana. Lo que se cuenta de su vida después de Pentecostés viene de la tradición, no de documentos: que predicó junto a san Simón y que ambos murieron mártires en Oriente (en Persia o en Mesopotamia, según los relatos). Por eso se celebran juntos el 28 de octubre. Sus reliquias, con las de Simón, se veneran desde 1605 en la basílica de San Pedro, en Roma.
Ningún documento lo nombró patrono de nada. La explicación más repetida es sencilla: como su nombre recordaba al del traidor, pocos acudían a él, y quienes lo hacían era porque ya lo habían intentado todo. Así quedó como el santo de lo que parece no tener salida.
La devoción creció mucho en el siglo XX. En 1929, en plena Gran Depresión, los misioneros claretianos abrieron en Chicago un santuario dedicado a él, muy unido a la comunidad mexicana, y desde allí se extendió por Estados Unidos y por América.
Es una fe muy popular, de gente que viene de todas partes y que no pregunta a nadie de dónde viene. Rezarle no exige ningún ritual: basta con contarle a Dios, con él, lo que te pesa.
Hay muchas oraciones tradicionales a san Judas Tadeo, con redacciones que cambian de un país a otro y de un devocionario a otro. No copiamos ninguna porque no hay una versión única de la que podamos dar la fuente con seguridad. Casi todas piden lo mismo: que el apóstol interceda en un momento de angustia, que no falte el consuelo y que se sepa agradecer la ayuda recibida.
Esta oración está escrita para esta página:
San Judas Tadeo, apóstol de Jesús, tú que le preguntaste en la última cena por qué se mostraba a los suyos y no al mundo, enséñame a buscarlo también cuando no lo veo.
Hoy te traigo lo que me pesa, eso que no sé cómo resolver y que no puedo cargar a solas. Ponlo junto a ti, delante de Él, y que no me falte la confianza mientras espero.
Que, salga como salga, sepa reconocer la mano de Dios en lo que venga, y dar gracias por la gente que me ayuda en el camino. Amén.
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