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Santa Águeda

Una joven mártir de Sicilia cuyo nombre se reza en el Canon Romano.

Memoria obligatoria el 5 de febrero.

Pocas mártires antiguas tienen tanta fiesta popular a su alrededor como Águeda. En Catania la ciudad entera sale a la calle durante tres días; en un pueblo de Segovia mandan las mujeres; en el País Vasco, la víspera, se canta de puerta en puerta. Detrás de todo eso hay una joven siciliana que murió por su fe en el siglo III y cuyo nombre se pronuncia todavía en la misa. Aquí tienes lo que se sabe de ella, lo que añadieron los relatos, sus costumbres y una oración.

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Una mártir de Sicilia

Águeda murió en Catania, en la costa oriental de Sicilia, hacia el año 251, probablemente durante la persecución del emperador Decio. Es casi todo lo que se puede afirmar con seguridad, y no es poco: su culto es antiquísimo y se extendió muy pronto por Sicilia y por Roma.

Su nombre figura en el Canon Romano, la primera plegaria eucarística, en la lista de santas que se nombra después de la consagración: Felicidad, Perpetua, Águeda, Lucía, Inés, Cecilia y Anastasia. Cada vez que un sacerdote reza esa plegaria, la recuerda. El nombre viene del griego y quiere decir «buena».

En el calendario de la Iglesia su día es memoria obligatoria. La misa tiene una oración propia, y el resto de los textos se toma de los que la liturgia reserva para las vírgenes y los mártires. En la Liturgia de las Horas se reza también su oficio, con la misma oración. Así, una joven de la que sabemos tan poco sigue presente cada año en la oración de toda la Iglesia.

El relato de su martirio

Las actas de su martirio se escribieron bastante después y tienen el tono de las pasiones antiguas, pensadas para admirar y animar. Cuentan que era una joven de buena familia, consagrada a Dios, y que el gobernador Quintiano la quiso para sí. Al no conseguirlo, la acusó de cristiana, intentó corromperla y, como no cedía, la hizo torturar. Entre los tormentos, el relato dice que le cortaron los pechos.

La pasión añade que, de noche, en la cárcel, se le apareció san Pedro y le curó las heridas, y que murió poco después, tras nuevos tormentos. Son detalles que no se pueden comprobar. Lo que transmiten es claro: una mujer joven que no se dejó comprar ni asustar y que defendió su libertad y su fe hasta el final.

El velo y el volcán

Catania vive a los pies del Etna, y su historia está llena de erupciones. La tradición cuenta que, un año después de su muerte, la lava bajaba hacia la ciudad y los vecinos sacaron en procesión el velo de la santa, y que la lava se detuvo. Desde entonces el velo de santa Águeda ha salido muchas veces ante el volcán, y por eso se la invoca contra el fuego y las erupciones.

Por los tormentos que cuenta su pasión, se la invoca también en las enfermedades del pecho, y en las imágenes aparece a menudo con una bandeja en la que lleva sus pechos cortados. Hoy muchas mujeres con cáncer de mama y sus familias le rezan.

Catania la celebra del 3 al 5 de febrero con una de las fiestas religiosas más concurridas de Italia, en la que las reliquias de la santa recorren la ciudad entre una multitud de devotos.

Santa Águeda en España

En España su fiesta tiene costumbres muy vivas, muchas ligadas a las mujeres. La más conocida es la de Zamarramala, junto a Segovia: dos vecinas elegidas como alcaldesas reciben el bastón de mando y gobiernan el pueblo de forma simbólica, con trajes tradicionales, misa, procesión y baile. La leyenda relaciona ese privilegio con la ayuda que las mujeres del pueblo habrían prestado en la toma del alcázar de Segovia en la Edad Media. La fiesta está declarada de interés turístico nacional.

En el País Vasco, la víspera, el 4 de febrero, grupos de jóvenes y de vecinos recorren las calles cantando coplas a la santa, casi siempre en euskera, mientras golpean el suelo con sus bastones al ritmo del canto. A cambio, en las casas les dan algo de comer o un donativo.

Y en muchos otros pueblos de España hay cofradías de mujeres, las águedas, que la celebran con misa, procesión y comida compartida.

Una oración para hoy

Una oración escrita para esta página, por las intenciones que más se le confían:

Señor, Águeda era joven y estaba sola frente al poder de un gobernador, y no se dejó doblegar. Dame a mí su firmeza para no vender lo que más quiero.

Te pido por las mujeres enfermas de cáncer de mama, por las que esperan un diagnóstico y por las que cuidan de ellas: dales fuerza, buenos médicos y compañía.

Y protege a los que viven bajo la amenaza del fuego, de los volcanes y de la violencia. Por intercesión de santa Águeda, por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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