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Santa Bárbara

La mártir de la torre, a la que se invoca cuando truena.

Se la recuerda el 4 de diciembre; no tiene celebración en el calendario litúrgico general. Patrona de los artilleros y de los mineros.

Cada 4 de diciembre hay misa en los cuarteles de artillería y en los pueblos mineros de Asturias y de León, y en muchas casas su nombre sale solo en cuanto truena. Pocas santas son tan populares y, a la vez, tan desconocidas: de Bárbara no se conserva ni un dato histórico firme. Lo que sigue separa la leyenda de lo que se sabe de su culto, explica de dónde vienen sus patronazgos y el dicho de la tormenta, y propone una oración para su día.

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Quién fue

Bárbara es una mártir de los primeros siglos cuyo nombre no aparece en ninguna fuente histórica antigua, ni siquiera en la redacción original del martirologio llamado de san Jerónimo. Su culto, en cambio, sí está documentado: desde el siglo VII se la venera, y antes del siglo IX ya tenía devoción pública en Oriente y en Occidente.

El martirologio latino más antiguo que la nombra, de hacia el año 700, la sitúa en Toscana. Otros textos hablan de Roma, de Antioquía, de Heliópolis de Egipto o de Nicomedia, en la actual Turquía. Tantos lugares distintos dicen más de la devoción que de la historia: cada región quiso tenerla cerca.

Las Iglesias ortodoxas la llaman «gran mártir» y la celebran también el 4 de diciembre (el 17, en las que siguen el calendario juliano). En Jerusalén, por ejemplo, tiene una capilla dedicada muy cerca de la sede del patriarcado ortodoxo.

La torre, las tres ventanas y el rayo

La leyenda se escribió hacia el siglo VII y circuló en griego y en latín casi sin variantes. Cuenta que Bárbara era hija de un pagano rico, Dióscoro, que la tenía encerrada en una torre para apartarla del mundo. Ella rechazó el marido que le buscaban. Mientras su padre estaba de viaje, mandó que en el baño que él hacía construir junto a la casa se abrieran tres ventanas en lugar de dos, en honor de la Santísima Trinidad.

Al volver, Dióscoro supo que se había hecho cristiana y la llevó ante el prefecto de la provincia, que la hizo torturar y la condenó a morir decapitada. El propio padre ejecutó la sentencia y, de camino a casa, lo fulminó un rayo.

El relato no permite fechar nada: unas versiones hablan del emperador Maximino y otras de Maximiano. Los pintores juntaron después la torre y las tres ventanas, y así aparece en tantos retablos: de pie junto a una torre de tres ventanas, con la palma de los mártires y, a veces, con un cáliz y la hostia en la mano.

Fuera del calendario general, no del Martirologio

Su fiesta del 4 de diciembre entró en el calendario de Roma en el siglo XII. En 1729 ese día pasó a san Pedro Crisólogo y Bárbara quedó como simple conmemoración. En la reforma de 1969 salió del calendario general, porque se juzgó que su historia era del todo legendaria y que ni siquiera había acuerdo sobre el lugar de su martirio.

No fue una condena. Sigue en el Martirologio Romano el 4 de diciembre, con una fórmula prudente (se dice que fue virgen y mártir en Nicomedia), y su culto continúa con toda normalidad. En España, ese día el calendario de la Conferencia Episcopal trae la memoria libre de san Juan Damasceno; el Arzobispado Castrense, en cambio, celebra a santa Bárbara como solemnidad en el Arma de Artillería y en el Cuerpo de Ingenieros Politécnicos del Ejército de Tierra.

Pólvora, minas y tormentas

El rayo de la leyenda explica casi todos sus patronazgos. Primero se la invocó contra las tormentas y el fuego; después, por semejanza, la tomaron como patrona los artilleros, los mineros y quienes manejan explosivos. También se le pedía no morir de repente, sin poder confesarse ni comulgar, y de ahí el cáliz de sus imágenes. Formaba parte de los catorce santos auxiliadores, a los que se acudía en necesidades concretas desde los años de la peste negra.

De todo eso queda una palabra en el diccionario: santabárbara es, en las embarcaciones, el pañol donde se guarda la pólvora.

En Italia es la patrona del cuerpo de bomberos, los Vigili del Fuoco, como protectora de quienes están en peligro de muerte repentina. En España, los bomberos tienen por patrón a san Juan de Dios desde 1953.

En los pueblos mineros de Asturias y de León, su día se celebra con misa por los muertos en la mina, homenajes a los jubilados, coros y comida de hermandad. Allí se canta «Santa Bárbara bendita», también llamada «En el pozo María Luisa», una canción popular que cuenta un accidente en la mina y que se ha convertido en el himno de los mineros.

«Acordarse de santa Bárbara cuando truena»

El refrán completo dice «Nadie se acuerda de santa Bárbara hasta que truena», y se usa mucho como locución: acordarse de santa Bárbara cuando truena, es decir, acordarse de alguien solo cuando se le necesita. Galdós ya lo puso en boca de uno de sus personajes en Fortunata y Jacinta.

Nace de una costumbre muy viva en los pueblos: rezarle en cuanto se oía el primer trueno. El Archivo del Patrimonio Inmaterial de Navarra conserva, por ejemplo, rezos a «Santa Bárbara bendita» para las tormentas, recogidos de viva voz en Sarriés. El dicho tiene su parte de verdad y su parte de humor, porque casi todos rezamos más en los apuros. La invocación de los abuelos no era un pararrayos: era una manera sencilla de poner el miedo en manos de Dios.

Oración por los oficios de riesgo

Escrita para esta página, por quienes trabajan entre fuego, pólvora y galerías:

Señor, Bárbara no se dejó encerrar en la torre del miedo y te fue fiel hasta el final. Quiero confiar en ti cuando hay tormenta, y también cuando hace buen tiempo.

Te pido por los mineros, los artilleros, los bomberos y por todos los que trabajan en oficios de riesgo, y por sus familias, que esperan su vuelta a casa.

Acuérdate de los que murieron en su trabajo y consuela a quienes los lloran. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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