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Santa Josefina Bakhita

Una niña sudanesa vendida como esclava que llegó a ser religiosa y santa.

Memoria libre el 8 de febrero. Ese mismo día se puede celebrar también a san Jerónimo Emiliani.

No sabemos cuál era su nombre verdadero: el miedo se lo borró de la memoria cuando era una niña. El que llevó toda la vida se lo pusieron sus secuestradores: Bakhita, «afortunada». Fue esclava en Sudán, niñera en una casa italiana, religiosa en un pueblo del Véneto y, desde el año 2000, santa. Su fiesta es también la jornada de oración contra la trata de personas. Aquí tienes su historia y una oración para hoy.

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Una infancia robada

Nació hacia 1869 en Darfur, en el oeste del actual Sudán. Recordaba después una familia numerosa y una infancia feliz. Siendo todavía muy niña, unos traficantes de esclavos la secuestraron.

La vendieron varias veces en los mercados de El Obeid y de Jartum, y pasó por varios amos, algunos muy crueles. En una de esas casas le hicieron más de un centenar de cortes en el cuerpo y los cubrieron de sal para que las marcas no se borraran nunca. Ella misma contó después aquel dolor, sin adornos y sin odio.

De Jartum a Venecia

Hacia 1883 la compró en Jartum el cónsul italiano Callisto Legnani. Por primera vez desde el secuestro nadie la golpeaba. Cuando el cónsul volvió a Italia, ella le pidió ir con él. Allí quedó al servicio de la familia de Augusto Michieli, en Zianigo, cerca de Mirano, y se encargó de cuidar a la niña de la casa, Mimmina.

Cuando los Michieli tuvieron que pasar una temporada en África por sus negocios, dejaron a la niña y a Bakhita con las religiosas canosianas del Instituto de Catecúmenos de Venecia. Allí escuchó hablar de Dios con calma y reconoció en él a quien, según contó, había intuido desde niña al mirar el sol, la luna y las estrellas y preguntarse quién los había hecho.

Libre

Cuando la señora Michieli volvió para llevársela otra vez, Bakhita se negó: quería quedarse. El caso llegó a las autoridades, y el 29 de noviembre de 1889 se reconoció que en Italia nadie podía tenerla como esclava y que era libre de decidir. Decidió quedarse con las hermanas.

El 9 de enero de 1890 recibió el bautismo, la confirmación y la primera comunión de manos del patriarca de Venecia, con los nombres de Josefina Margarita Afortunata. Contaba que besaba la pila bautismal porque allí se había hecho hija de Dios. El 8 de diciembre de 1896 hizo sus votos como religiosa canosiana en Verona.

La madre morena de Schio

Desde 1902 vivió en el convento de Schio, cerca de Vicenza. Fue cocinera, sacristana, bordadora y portera durante casi medio siglo. La gente del pueblo la llamaba «la madre morena», y en la portería tenía siempre una palabra amable para quien llegaba, sobre todo para los niños.

A Dios lo llamaba «el Patrón», la misma palabra que tantas veces había oído para sus amos, pero ahora dicha con la confianza de una hija. Se le atribuye una frase que resume su manera de mirar el pasado: si volviera a encontrarse con quienes la secuestraron y la maltrataron, se arrodillaría a besarles las manos, porque, sin aquello, no habría llegado a conocer a Dios. Es una palabra difícil, que no justifica el mal y que solo ella tenía derecho a decir.

En sus últimos años, ya enferma, revivía a veces la esclavitud y pedía que le aflojaran las cadenas. Murió el 8 de febrero de 1947.

Santa y patrona

Juan Pablo II la beatificó el 17 de mayo de 1992 y la canonizó el 1 de octubre del año 2000. Es patrona de Sudán. Benedicto XVI habló de ella con detenimiento en su encíclica sobre la esperanza, Spe salvi, de 2007, como ejemplo de alguien que, después de conocer solo amos terribles, descubrió un Señor que la amaba.

Desde 2015, el 8 de febrero es la Jornada mundial de oración y reflexión contra la trata de personas. La trata no es cosa del pasado: millones de personas, muchas de ellas mujeres y niños, son explotadas hoy en el trabajo, en la prostitución o en la servidumbre.

Una oración para hoy

Una oración escrita para esta página, para rezarla con ella:

Dios bueno, Bakhita te buscaba sin saber tu nombre mirando las estrellas, y cuando te conoció te llamó su Patrón con la confianza de una hija. Mira a los que hoy son comprados y vendidos como ella.

Rompe las cadenas de la trata y de toda esclavitud, y da valor a quienes las denuncian y a quienes acogen a las víctimas.

Y a mí, que tantas veces me quejo de poco, enséñame su alegría sencilla y su capacidad de perdonar. Por intercesión de santa Josefina Bakhita, por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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