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Santa Margarita María de Alacoque

La religiosa que habló del Corazón de Cristo.

Memoria libre el 16 de octubre. Ese día se recuerda también a santa Eduvigis, religiosa.

Si en tu casa o en tu parroquia hay una imagen del Sagrado Corazón, si alguna vez has oído hablar de los nueve primeros viernes o de la hora santa, todo eso tiene que ver con una monja francesa del siglo XVII a la que en su propio convento casi nadie creyó. Aquí tienes su vida, lo que pidió y una oración para hoy.

Rezar la hora de hoy

Una infancia difícil

Margarita Alacoque nació el 22 de julio de 1647 en L'Hautecour, un pueblo de Borgoña, en Francia. Su padre, notario, murió cuando ella tenía unos ocho años, y la familia quedó en una situación delicada. De niña pasó varios años enferma, casi sin poder levantarse de la cama.

Cuando se curó, vivió en una casa donde mandaban unos parientes que trataban con dureza a su madre y a ella. Con los años sintió con fuerza la llamada a la vida religiosa, aunque la familia prefería casarla. Le costó decidirse, pero con casi veinticuatro años dio el paso.

Paray-le-Monial

En 1671 entró en el monasterio de la Visitación de Paray-le-Monial, de la orden fundada por san Francisco de Sales y santa Juana Francisca de Chantal. El nombre de María lo había añadido al suyo de jovencita, en la confirmación. Era torpe para algunas tareas, muy sensible y con una vida interior intensa que sus superioras no sabían bien cómo encajar.

Lo que vio y lo que oyó

Entre 1673 y 1675, mientras rezaba ante el Santísimo, tuvo varias experiencias místicas en las que Cristo le mostraba su Corazón: un Corazón herido, rodeado de llamas y de una corona de espinas, que expresaba un amor inmenso por los hombres y el dolor de no ser correspondido. La primera fue el 27 de diciembre de 1673, fiesta de san Juan evangelista.

La más conocida tuvo lugar en junio de 1675, en la octava del Corpus. Según su propio relato, Jesús le mostró su Corazón y le dijo, más o menos, que ese era el Corazón que tanto había amado a los hombres y que recibía a cambio frialdad y olvido. Le pidió que se celebrara una fiesta en su honor el viernes siguiente a la octava del Corpus.

Las otras peticiones que ella transmitió son las que llegaron a todas partes: comulgar el primer viernes de cada mes como gesto de reparación, y pasar una hora en oración la noche del jueves al viernes, uniéndose a la agonía de Jesús en el huerto. De ahí nacieron la práctica de los primeros viernes y la hora santa.

Nadie la creyó, hasta que llegó un jesuita

En el convento la tomaron por una exaltada. Algunas hermanas la despreciaban y unos teólogos consultados dijeron que eran imaginaciones. Ella obedeció en todo y sufrió en silencio.

En 1675 llegó a Paray, como superior de la pequeña casa de los jesuitas, san Claudio de la Colombière. Escuchó a Margarita, la creyó y la animó a escribir lo que vivía. Él mismo se consagró al Sagrado Corazón y difundió la devoción en sus predicaciones, también en Inglaterra, donde fue predicador de la duquesa de York. A partir de entonces el mensaje empezó a salir del convento.

Cómo se extendió la devoción

Margarita María murió en Paray-le-Monial el 17 de octubre de 1690, con cuarenta y tres años. Al final de su vida, su propio convento ya celebraba la fiesta que ella había pedido. Su cuerpo se venera en la capilla de la Visitación, adonde siguen llegando peregrinos de todo el mundo.

El camino fue lento. En 1765 Roma permitió la fiesta en algunos lugares, y en 1856 el papa Pío IX la extendió a toda la Iglesia. Pío IX la beatificó en 1864 y Benedicto XV la canonizó el 13 de mayo de 1920. Pío XII dedicó al Corazón de Jesús la encíclica Haurietis aquas en 1956, y el papa Francisco publicó Dilexit nos el 24 de octubre de 2024, coincidiendo con los 350 años de aquellas revelaciones.

Lo que está en el fondo no es una devoción de imágenes, sino algo muy evangélico: Dios tiene corazón, y ese corazón es humano en Jesús.

Santa Eduvigis, el mismo día

El 16 de octubre se recuerda también a santa Eduvigis, duquesa de Silesia, que murió en 1243. Casada con el duque Enrique, madre de varios hijos, animó a su marido a fundar un monasterio de monjas cistercienses en Trebnitz y usó su posición y su fortuna para cuidar de los pobres y de los enfermos. Al enviudar se retiró a ese monasterio, aunque sin hacer votos.

Una oración para hoy

Esta oración está escrita para esta página:

Señor Jesús, tu Corazón ha amado sin medida y muchas veces encuentra frialdad, también en mí. Gracias por no cansarte de quererme.

Como Margarita María, quiero estar un rato contigo, sin prisa, aunque no entienda todo y aunque los demás no comprendan. Dame un corazón parecido al tuyo, manso y humilde, capaz de perdonar.

Te encomiendo a quienes se sienten incomprendidos y a quienes han dejado de creer que alguien los ama. Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío. Amén.

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