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San Ricardo

Un padre anglosajón que se hizo peregrino con sus hijos y murió en el camino.

Se celebra el 7 de febrero.

Hay santos de los que se conservan cartas, obras y fechas exactas. De este no sabemos ni siquiera con seguridad cómo se llamaba. Lo conocemos porque fue el padre de tres santos que trabajaron en la evangelización de Alemania y porque murió en Italia, camino de Roma, cuando peregrinaba con sus hijos. La tradición lo llama Ricardo, y en Lucca lo veneran desde hace siglos. Aquí tienes lo que se sabe, lo que se le añadió después y por qué su figura sigue diciendo algo.

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Lo que cuenta la vida de su hijo

La fuente principal es la vida de su hijo Willibaldo, escrita en el siglo VIII por Hugeburc, una monja anglosajona del monasterio de Heidenheim, en Baviera, a partir de lo que el propio Willibaldo le contó. Es un texto muy valioso, porque es uno de los relatos de viaje más antiguos escritos por un anglosajón, con su peregrinación hasta Tierra Santa.

Ese relato habla del padre de Willibaldo, pero no dice su nombre. El nombre de Ricardo y el título de rey aparecen más tarde, hacia el siglo X, en tradiciones nacidas en el propio Heidenheim. Así que lo que sabemos con honradez es esto: un hombre del reino de Wessex, en el sur de Inglaterra, casado y padre de al menos tres hijos. La tradición llama a su esposa Wuna.

Un padre que se pone en camino

Hacia el año 720, cuando sus hijos varones eran ya jóvenes, dejó sus tierras y emprendió con ellos la peregrinación a Roma. Embarcaron cerca de la actual Southampton, cruzaron a la Galia y fueron bajando hacia Italia. Era un viaje largo y peligroso, hecho a pie la mayor parte del tiempo.

Al llegar a Lucca, en la Toscana, enfermó de fiebres y murió. Sus hijos lo enterraron en la iglesia de San Frediano y siguieron su camino hasta Roma. Pronto se habló de curaciones junto a su tumba, y la ciudad empezó a venerarlo.

No era un caso raro. En aquellos años muchos anglosajones, de todas las condiciones, sentían el deseo de rezar ante los sepulcros de los apóstoles Pedro y Pablo. Algunos reyes de Wessex dejaron incluso el trono para ir a Roma: Ine lo hizo en el año 726 y allí terminó sus días. Ricardo pertenece a esa corriente de gente sencilla y de gente poderosa que se ponía en camino sabiendo que quizá no volvería.

Tres hijos santos

Willibaldo siguió peregrinando hasta Tierra Santa, pasó después unos diez años en Montecasino y, a petición de su pariente san Bonifacio, fue a Alemania, donde llegó a ser el primer obispo de Eichstätt.

Wunibaldo también se unió a Bonifacio y fundó el monasterio de Heidenheim. Walburga, la hermana, que se había quedado en Inglaterra formándose en un monasterio, fue llamada más tarde a Alemania y, a la muerte de Wunibaldo, se puso al frente de Heidenheim. Es la santa que da nombre, en Alemania, a la noche de Walpurgis.

Parte de los restos de Ricardo se llevaron más tarde a Eichstätt, donde se le recuerda junto a sus hijos.

El rey que no fue rey

En Lucca se le llama san Ricardo, rey de los ingleses, y así lo presenta la devoción local. Ningún documento de su tiempo lo confirma, y los historiadores lo consideran un añadido posterior: el deseo, comprensible, de dar a un padre de santos una corona que nunca tuvo. Sin ella su figura no pierde nada.

Es otro distinto de san Ricardo de Chichester, obispo inglés del siglo XIII, que se celebra el 3 de abril.

Lo que dice hoy

La historia de Ricardo es sencilla: un hombre ya mayor que no se quedó mirando cómo sus hijos buscaban a Dios, sino que se fue con ellos. No llegó a la meta; murió a mitad de camino. Y, sin embargo, lo que empezó en aquel viaje dio fruto en Alemania durante generaciones. Muchos padres y madres que acompañan la fe de sus hijos sin saber dónde acabará pueden reconocerse en él.

Una oración para hoy

Una oración escrita para esta página, para padres, madres y peregrinos:

Padre del cielo, Ricardo dejó su casa y se puso en camino con sus hijos, y no llegó a ver el final del viaje. Te encomiendo a los padres y madres que acompañan a sus hijos en la fe, aunque no sepan adónde los llevará.

Bendice a mis hijos, o a los jóvenes que tengo cerca, y dame la humildad de caminar con ellos sin adelantarme ni quedarme atrás.

Acoge a los que mueren lejos de su tierra y a los peregrinos de todos los caminos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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