El fraile valenciano que recorrió Europa predicando a pie.
Pocos santos están tan metidos en la vida de una ciudad como san Vicente Ferrer en la de Valencia. Nació allí en 1350, fue dominico, predicó durante años por los caminos de España, Francia e Italia y murió lejos de casa, en Bretaña. Cada primavera, los niños valencianos suben a unos altares levantados en la calle para representar, en valenciano, los milagros que la tradición le atribuye.
Vicente Ferrer nació en Valencia el 23 de enero de 1350. De joven entró en la Orden de Predicadores, los dominicos, estudió filosofía y teología y fue profesor. Vivió de lleno la crisis del cisma de Occidente, cuando la Iglesia llegó a tener dos y hasta tres papas a la vez, y durante años apoyó al papa de Aviñón, Benedicto XIII, el papa Luna, hasta que se convenció de que había que poner fin a la división.
En noviembre de 1399 salió de Aviñón, con permiso del papa, y desde entonces se dedicó casi por entero a predicar. Recorrió a pie buena parte de Europa occidental, seguido por grupos de penitentes, hablando en plazas y descampados ante multitudes. Se cuenta que le entendían aunque predicara en valenciano; es una tradición muy extendida sobre su don de lenguas.
En 1412 fue uno de los nueve compromisarios que, en el Compromiso de Caspe, eligieron al nuevo rey de la Corona de Aragón. Murió en Vannes, en Bretaña, el 5 de abril de 1419, donde sigue enterrado. Calixto III, otro valenciano, lo canonizó en 1455.
La Iglesia lo recuerda el 5 de abril, día de su muerte. Pero como esa fecha suele caer en Cuaresma o en Semana Santa, Valencia celebra su fiesta el lunes siguiente al lunes de Pascua, que allí es festivo y cierra las vacaciones de Pascua.
Es el patrono de la Comunidad Valenciana. Ese día hay ofrenda de flores, una procesión que pasa por lugares ligados a su vida, como su casa natal, el llamado Pouet de Sant Vicent, y la iglesia de San Esteban, donde se conserva la pila en que fue bautizado.
Son milagros de tradición, contados con humor y con cariño: el santo que resuelve un apuro, cura a un enfermo o pone paz entre vecinos. Para muchos niños valencianos es su primera vez en un escenario, y para sus familias, una forma de transmitir la devoción de padres a hijos.
Escrita para esta página. Puedes rezarla tal cual o con tus propias palabras:
San Vicente, que gastaste tus pies por los caminos para hablar de Dios a quien quisiera oírte, ayúdanos a decir lo que creemos con sencillez, sin miedo y sin imponerlo.
Tú que trabajaste por la unidad cuando la Iglesia estaba dividida, pon paz donde hay bandos: en las familias, en los pueblos, entre los que piensan distinto.
Y cuida de los niños que cada año cuentan tus milagros en la calle. Que crezcan sabiendo que Dios hace cosas grandes con gente pequeña. Amén.
Estés en Valencia o lejos de ella, puedes unirte a la fiesta con la oración:
Salmodiando te da cada día las horas enteras de la Liturgia de las Horas, con sus himnos, sus salmos y sus lecturas propias, sin que tengas que buscar nada. Puedes rezarlas solo o a coros con tu grupo. Gratis, sin registro y sin anuncios.