El ermitaño que se hizo constructor para cuidar a los peregrinos.
En el siglo XI, los peregrinos que iban a Santiago por La Rioja tenían que cruzar el río Oja entre bosques y malos caminos. Un ermitaño llamado Domingo decidió que su forma de servir a Dios sería allanarles el paso: construyó un puente, una calzada y un hospital. Alrededor de su obra nació una ciudad que hoy lleva su nombre.
Domingo García nació en 1019 en Viloria de Rioja, en tierras de Burgos. Quiso hacerse monje, pero no lo admitieron en los monasterios benedictinos en que lo intentó, y se retiró a vivir como ermitaño en los bosques junto al río Oja.
Allí vio las penalidades de los peregrinos a Santiago y se puso manos a la obra. Hizo un puente sobre el río, abrió una calzada de piedra entre Nájera y Redecilla del Camino, construyó un hospital para acogerlos, un pozo y una iglesia. El rey Alfonso VI apoyó su trabajo. Por aquella calzada lo llamaron Domingo de la Calzada.
Murió el 12 de mayo de 1109, cuando a su alrededor ya había crecido una población. Su iglesia se convirtió en catedral en el siglo XIII, y en ella está su sepulcro. Es patrono de los ingenieros de caminos y de quienes trabajan en obras públicas.
La leyenda más famosa del santo la conocen todos los peregrinos. Se cuenta que un matrimonio alemán iba a Santiago con su hijo. En la posada, una criada se enamoró del joven y, al verse rechazada, escondió una copa de plata en su equipaje y lo acusó de robo. El muchacho fue condenado y ahorcado.
Sus padres siguieron el camino y, a la vuelta, lo encontraron vivo en la horca: el santo lo había sostenido. Fueron a contárselo al corregidor, que estaba a punto de comer y respondió que su hijo estaba tan vivo como el gallo y la gallina asados que tenía en el plato. En ese momento, las aves se levantaron y se pusieron a cantar.
De ahí el dicho: «Santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina después de asada». Es una leyenda medieval, contada en muchos lugares del Camino, pero en la catedral de Santo Domingo se recuerda de forma muy especial: frente al sepulcro del santo hay un gallinero de piedra donde viven siempre un gallo y una gallina blancos, que se van renovando.
Escrita para esta página. Puedes rezarla tal cual o con tus propias palabras:
Santo Domingo, que no te quedaste mirando el río que los peregrinos no podían cruzar, sino que hiciste un puente, ayúdanos a ver las necesidades de los que pasan a nuestro lado.
Te encomendamos a los que caminan hacia Santiago y a los que están en camino por la vida sin saber bien adónde. Que encuentren quien les abra la puerta y les dé de comer.
Y a los que construyen, a los que trabajan con las manos y cuidan de los caminos, dales fuerza y alegría en su tarea. Amén.
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