Una anciana de Alejandría que no quiso renegar de su fe.
De muchos mártires antiguos solo queda un nombre. De Apolonia, en cambio, tenemos el relato de un obispo que vivía en su misma ciudad y que escribió pocos meses después de su muerte. Ese texto cuenta poco, pero lo cuenta de cerca. Aquí tienes lo que dice, cómo creció después la leyenda, por qué los dentistas la tienen por patrona y una oración para su día.
Lo que sabemos de Apolonia viene de una carta de san Dionisio, obispo de Alejandría entre los años 247 y 265, dirigida a Fabio, obispo de Antioquía. El historiador Eusebio de Cesarea la copió en su Historia eclesiástica (libro VI, capítulo 41), y gracias a eso ha llegado hasta nosotros.
Dionisio cuenta que en Alejandría, un año antes de que el emperador Decio decretara la persecución general, estalló un tumulto contra los cristianos. Un adivino, al que él llama poeta, agitó a la gente de la ciudad, y la multitud se lanzó a las calles. Ocurrió en el año 249, al final del reinado de Felipe el Árabe, poco después de las fiestas por los mil años de Roma.
La carta no habla solo de ella. Antes cuenta la muerte de un anciano llamado Metras, al que quisieron obligar a blasfemar y, como no lo hizo, lo apalearon y lo apedrearon; y la de una mujer llamada Quinta, arrastrada por las calles hasta morir. Después llega el turno de Apolonia. Era, dice el obispo, una virgen ya de edad avanzada, muy estimada en la ciudad.
La apresaron y la golpearon en la cara hasta romperle todos los dientes. Luego encendieron una hoguera a las afueras y la amenazaron con quemarla viva si no repetía con ellos las palabras contra Cristo que le exigían. Apolonia pidió que la soltaran un momento. Cuando lo hicieron, se lanzó ella misma al fuego y murió quemada.
Ese último gesto ha hecho pensar a muchos lectores a lo largo de los siglos. Dionisio no lo presenta como una desesperación, sino como la decisión de quien ya no tiene otra salida y no quiere que le arranquen una negación. Para él y para la comunidad de Alejandría, Apolonia murió por su fe, y así la recordaron desde entonces.
Después vino lo peor. Según la misma carta, durante días las casas de los cristianos fueron saqueadas, muchos huyeron y nadie se atrevía a salir a la calle. Solo una guerra civil entre los propios paganos detuvo el tumulto. La persecución oficial de Decio, poco después, fue todavía más dura.
Con el paso del tiempo la historia de Apolonia se fue adornando. En la Edad Media circularon relatos que la convertían en una muchacha joven, hija de un rey o de un magistrado, a la que arrancaban los dientes uno a uno con unas tenazas. Nada de eso está en la carta de Dionisio, que habla de una mujer mayor y de dientes rotos a golpes.
De esa leyenda viene su imagen más conocida. En los retablos y en las tablas góticas aparece casi siempre con unas tenazas que sujetan un diente, a veces con la palma de los mártires. Es fácil reconocerla en muchas iglesias de España y de toda Europa.
También se multiplicaron las reliquias. Muchas iglesias de Europa dijeron conservar algún diente o algún fragmento suyo. Esas atribuciones no se pueden comprobar, y lo seguro sigue siendo lo que escribió el obispo de Alejandría.
Por el tormento que sufrió en la boca, el pueblo cristiano empezó a invocarla contra el dolor de muelas, que durante siglos fue uno de los sufrimientos más comunes y peor remediados. De ahí pasó a ser patrona de los que se dedican a curar los dientes.
La costumbre sigue viva. En España, los colegios de dentistas de muchas provincias celebran el 9 de febrero la fiesta de su patrona. Para muchos es un día profesional más que religioso, pero la memoria de aquella mujer de Alejandría sigue en el centro.
No es una mala compañía para quien trabaja aliviando el dolor de otros, ni para quien lo sufre. Apolonia conoció el dolor físico en su forma más brutal, y la tradición la ha puesto al lado de los enfermos y de quienes los atienden.
No se conserva una oración antigua a santa Apolonia que se haya rezado en todas partes. Esta está escrita para esta página, por si quieres rezarla hoy:
Señor, Apolonia era una mujer mayor y sola frente a una multitud, y no te negó. Le rompieron la boca, pero no consiguieron que dijera lo que no creía.
Te pido por los que sufren dolor en el cuerpo, por los que esperan en una consulta con miedo y por los que trabajan cada día para aliviar ese dolor con sus manos y su ciencia.
Te pido también por los cristianos que hoy son perseguidos, y por los que viven en ciudades donde creer se paga caro. Dales su firmeza y su paz. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Algunas maneras sencillas de unirte a su memoria:
Salmodiando te da cada día las horas enteras de la Liturgia de las Horas, con sus himnos, sus salmos y sus lecturas propias, sin que tengas que buscar nada. Puedes rezarlas solo o a coros con tu grupo. Gratis, sin registro y sin anuncios.