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Santa Clara de Asís

La primera mujer que siguió a Francisco, madre de las clarisas.

Memoria obligatoria el 11 de agosto. Patrona de la televisión desde 1958.

Tenía dieciocho años cuando salió de noche de la casa de su padre para vivir como Francisco, sin nada propio. Pasó el resto de su vida, más de cuarenta años, en un pequeño monasterio a las afueras de Asís, enferma durante buena parte de ellos, y sin embargo su forma de vida llegó a toda Europa. Siete siglos después, un papa la hizo patrona de la televisión por algo que le ocurrió una noche de Navidad.

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Una muchacha noble de Asís

Clara nació en Asís en 1193 o 1194. Su padre, Favarone di Offreduccio, era de una familia de antigua nobleza, y su madre, Ortolana, una mujer piadosa que acabaría siguiéndola al monasterio. Lo poco que se sabe de su familia viene casi todo de las declaraciones de las hermanas en su proceso de canonización.

Francisco, unos doce años mayor que ella, predicó una Cuaresma en la iglesia de San Jorge de Asís. Clara lo escuchó, lo buscó en secreto y le pidió ayuda para vivir según el Evangelio, como él y sus compañeros.

La noche de Ramos

El Domingo de Ramos, de 1211 o de 1212 según las fuentes, Clara fue a la catedral con sus mejores vestidos. Esa misma noche salió en secreto de su casa y caminó hasta la Porciúncula, la pequeña iglesia de Francisco en el llano. Allí la esperaban los frailes con antorchas. Ella dejó sus ropas ricas, Francisco le cortó el pelo ante el altar de la Virgen y la consagró a Dios con un hábito pobre.

Francisco la llevó primero al monasterio benedictino de San Pablo, cerca de Bastia. Su padre fue a buscarla e intentó llevársela a casa por la fuerza, pero ella no cedió. Pasó después a otro monasterio, Sant'Angelo in Panzo, en la ladera del monte Subasio, y allí se le unió unos días más tarde su hermana Inés. Poco después Francisco las instaló en San Damián, la iglesia que él mismo había reparado con sus manos.

Cuarenta y dos años en San Damián

Hacia 1215 Clara aceptó, de mala gana, ser la abadesa de la comunidad, y lo fue hasta su muerte. No hay noticia de que saliera nunca de San Damián. A ella se fueron uniendo muchas mujeres; también su otra hermana, Beatriz, su tía Bianca y su madre. Rezaban y trabajaban con sus manos, y desde Asís su forma de vida se extendió por monasterios de toda Europa. Con la princesa Inés de Praga, hija del rey de Bohemia, mantuvo una correspondencia de la que se conservan cuatro cartas.

Unos dos años antes de morir, Francisco pasó una temporada en San Damián, enfermo, y allí compuso el Cántico de las criaturas. Cuando murió, en octubre de 1226, los vecinos de Asís llevaron su cuerpo de la Porciúncula a la ciudad y pasaron por San Damián para que Clara y sus hermanas pudieran verlo por última vez a través de la reja.

Su vida antigua cuenta además que, cuando unas tropas sarracenas al servicio del emperador Federico II asaltaron el monasterio, Clara se levantó de la cama, enferma, se puso ante ellos con la Eucaristía y los soldados huyeron. Por esa escena se la representa a menudo con la Eucaristía en las manos.

El privilegio de la pobreza y una regla propia

Clara quería que su comunidad viviera sin propiedades, como los frailes de Francisco, algo que la ley de la Iglesia no preveía para un monasterio de mujeres. Pidió entonces el «privilegio de la pobreza»: que nadie pudiera obligarlas a aceptar bienes. Se lo concedió Inocencio III, y Gregorio IX se lo renovó por escrito el 17 de septiembre de 1228. Ni Gregorio IX ni después Inocencio IV consiguieron que aceptara suavizarla.

Al final escribió una regla propia para sus hermanas, la primera de la historia de la Iglesia escrita por una mujer y presentada a un papa para su aprobación. Inocencio IV la confirmó el 9 de agosto de 1253, cuando Clara ya se moría. Murió dos días después, el 11 de agosto, y Alejandro IV la canonizó en 1255. En 1260 sus restos se llevaron a la nueva iglesia de Santa Clara, en Asís; en 1850 se encontró su tumba y desde 1872 descansa en la cripta de esa basílica.

Patrona de la televisión

Una noche de Navidad, ya enferma, Clara no pudo levantarse de la cama para ir a la iglesia. Según se cuenta, desde allí oyó los cantos que se celebraban en la iglesia de los franciscanos, como si estuviera presente, y vio el pesebre del Niño.

Por ese recuerdo, el papa Pío XII la declaró patrona de la televisión el 14 de febrero de 1958, con la carta apostólica Clarius explendescit. La televisión era entonces un invento reciente, capaz de mostrar en casa lo que pasaba lejos en el mismo momento, y el papa quiso ponerla bajo la protección de una santa a la que se recordaba así. La petición la habían hecho el obispo de Asís y los superiores de las cuatro familias franciscanas.

Una oración para el 11 de agosto

Escrita para esta página, por las clarisas y por los que trabajan en los medios:

Señor, Clara lo dejó todo por seguirte y encontró en la pobreza una libertad y una alegría que nadie le pudo quitar. Enséñame a vivir con lo necesario y a no poner el corazón en lo que tengo.

Te pido por las clarisas y por todos los que rezan en silencio por el mundo, y por quienes trabajan en la televisión y en los medios, para que cuenten la verdad y cuiden a quien los ve.

Cuando no pueda estar donde quisiera, dame la paz de saber que tú estás conmigo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Unirte a su memoria

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