La Purísima: una fiesta de luz en mitad del Adviento.
El 8 de diciembre los católicos celebran que María fue preservada del pecado original desde el primer instante de su existencia. En España esta fiesta tiene un peso propio: la Inmaculada es patrona del país desde el siglo XVIII, durante generaciones se saludó con un «Ave María Purísima» y aquí los sacerdotes pueden vestir ese día de azul celeste, un color que en casi ningún otro lugar se ve en el altar. Llega en pleno Adviento, y encaja con él: María es la primera que espera.
La Inmaculada Concepción no se refiere a la concepción de Jesús, sino a la de María en el seno de su madre, santa Ana. Es una confusión frecuente. Lo que se celebra es que María, por pura gracia y en previsión de lo que haría su Hijo, nunca estuvo bajo el pecado original.
Esta convicción se fue abriendo paso durante siglos, con defensores y detractores dentro de la propia Iglesia. Quedó definida como dogma el 8 de diciembre de 1854, cuando Pío IX publicó la bula Ineffabilis Deus. Por eso la fiesta es ese día, nueve meses antes del 8 de septiembre, en que se celebra el nacimiento de la Virgen.
Mucho antes del dogma, España ya había tomado partido. En 1613 un sermón contrario a la Inmaculada, predicado en Sevilla, provocó un revuelo popular enorme, y la ciudad se volcó en defender la «pía creencia». A partir de 1618, universidades como las de Salamanca, Valladolid y Barcelona, y más tarde otras, hicieron voto y juramento de defenderla: quien se graduaba juraba enseñarla.
En 1760, a petición de las Cortes y del rey Carlos III, el papa Clemente XIII declaró a la Inmaculada patrona principal de España y de sus territorios de ultramar, y lo confirmó con la bula Quantum ornamenti. Desde entonces es la patrona de todo el país, además de las patronas propias de cada diócesis y cada pueblo.
Los colores de la liturgia son pocos: blanco, rojo, verde, morado, y en ocasiones rosa y negro. El azul no está entre ellos. Pero en 1864, pocos años después del dogma, la Sagrada Congregación de Ritos concedió a España el uso del azul celeste en la solemnidad de la Inmaculada, como reconocimiento a su largo empeño por esta verdad.
Por eso, si el 8 de diciembre vas a misa en España, es fácil que veas al sacerdote con casulla azul. No es obligatorio: el blanco sigue siendo el color propio de la fiesta, y el azul es una posibilidad que cada parroquia usa o no.
Una fiesta en todo el país. El 8 de diciembre es festivo nacional en España, así que muchas familias lo viven como un día de descanso en medio de los preparativos de la Navidad. Hay misas solemnes, novenas que terminan ese día y procesiones con imágenes de la Purísima en numerosos pueblos y ciudades.
La Purísima. Así la llama mucha gente, y así se titulan cofradías, colegios, iglesias y hasta nombres propios: Concepción, Concha, Inma, Purificación. El viejo saludo «Ave María Purísima», al que se respondía «sin pecado concebida», todavía se oye en conventos y en algunas casas.
Dentro del Adviento. La fiesta no interrumpe la espera: la ilumina. Mientras las velas de la corona de Adviento se van encendiendo una a una, la Inmaculada recuerda que Dios empezó a preparar la llegada de su Hijo mucho antes de Belén.
María, limpia desde el principio, tú fuiste la primera en recibir de balde lo que Dios quiere darnos a todos. En este tiempo de espera, enséñame a esperar como tú, sin prisa y sin miedo.
Te pongo delante a los que quiero, a los que están lejos y a los que nadie recuerda. Guárdalos bajo tu manto, que en esta tierra tantas veces se ha pintado del color del cielo.
Y cuando llegue la Navidad, que me encuentre con la puerta abierta, como la encontró tu Hijo en ti. Amén.
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