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Salmo 103: Alma mía, bendice al Señor

Un repaso despacio de todo lo que Dios perdona, cura y recuerda.

Se reza en el Oficio de lectura del miércoles de la cuarta semana del salterio.

Quien reza este salmo se habla primero a sí mismo y se pide no olvidar. Después va repasando lo recibido, favor por favor, hasta que acaban bendiciendo con él los ángeles y el universo entero. El número cambia según el libro en que se busque: 103 en las biblias actuales, que siguen el orden hebreo, y 102 en el breviario, donde se cuenta como en la Biblia griega de los Setenta.

Rezar la hora de hoy

Un eco del Sinaí

Sobre el autor, el hebreo solo pone «De David», sin ninguna circunstancia ni indicación para el canto.

Su verso central no es nuevo. Cuando dice que el Señor es tierno y compasivo, que tarda en enfadarse y le sobra el amor fiel, está repitiendo casi palabra por palabra lo que Dios dice de sí mismo ante Moisés en el Sinaí, después del becerro de oro (Éx 34,6). El propio salmo lo señala un verso antes: «Dio a conocer a Moisés sus caminos». Todo lo demás es un comentario a esa frase.

En el Nuevo Testamento se le oye en el Magníficat. María canta que la misericordia de Dios llega de generación en generación a los que lo temen (Lc 1,50), que es lo que dice aquí el verso 17.

Hace pareja con el salmo siguiente. Los dos empiezan con la misma invocación, «Alma mía, bendice al Señor», y la repiten al final; el 103 la dice ante el perdón recibido, y el 104, ante la creación.

Cinco movimientos, del alma al universo

Háblale a tu alma (versos 1 a 5)El salmo empieza con una orden a uno mismo: bendice y no olvides. Luego viene la lista de favores, cinco acciones de Dios seguidas: perdona, cura, arranca de la tumba, rodea de amor y ternura, colma de bienes.
Como en el Sinaí (versos 6 a 10)De lo personal pasa a la historia del pueblo. Dios se dio a conocer a Moisés como tierno y compasivo, uno que tarda en enfadarse. No lleva las cuentas como las llevaríamos nosotros.
Las tres medidas (versos 11 a 13)Para decir cuánto, el salmo busca medidas: la altura del cielo, la distancia entre el oriente y el poniente, y la más cercana de todas, lo que siente un padre por sus hijos.
Polvo y hierba (versos 14 a 18)Dios conoce bien de qué barro nos hizo. Somos como la flor del campo, que un golpe de viento se lleva. Pero su amor no tiene esa medida: dura desde siempre y alcanza a los nietos.
Todos a bendecir (versos 19 a 22)El final abre el círculo: ángeles, ejércitos del cielo, todas las criaturas. Y la última línea vuelve al principio, a una sola persona que se dice: «Alma mía, bendice al Señor».

El águila que se renueva

El verso 5 promete que te renuevas «como un águila joven». San Agustín, en su comentario a este salmo, recoge lo que se contaba de esa ave: que con los años el pico le crecía tanto que ya no podía comer, y que lo golpeaba contra una piedra hasta quitarse lo que le sobraba y volver a alimentarse.

Agustín no lo presenta como un dato de naturalista, sino como algo que se dice, y lo usa como imagen. La piedra es Cristo, escribe, y es ella la que nos quita lo que estorba. Según Agustín, nadie recupera la juventud con sus propias fuerzas. El salmo lo había dicho a su manera: quien renueva es el mismo que perdona y cura.

En la oración de judíos y de cristianos de Oriente

En la oración judía, el verso que recuerda que somos polvo (14) forma parte del Tajanún, la súplica que se reza los días laborables después de la oración central de la mañana.

En las Iglesias de rito bizantino es uno de los seis salmos con que empieza el oficio de la mañana, el Orthros. Y en las Iglesias eslavas, igual que en los monasterios de ese rito, abre la Divina Liturgia, que es la misa bizantina, como primera antífona.

Los veintidós versos

Alma mía, bendice al Señor;
que todo mi ser bendiga su santo nombre.
Alma mía, bendice al Señor
y no olvides ninguno de sus favores.

Él perdona todas tus culpas,
él cura todas tus dolencias,
él te arranca de la tumba
y te pone como corona su amor fiel y su ternura;
él colma de bienes tus años,
y te renuevas como un águila joven.

El Señor actúa con justicia,
da la razón a todos los oprimidos.
Dio a conocer a Moisés sus caminos,
a Israel le mostró sus hazañas.
El Señor es tierno y compasivo,
tarda en enfadarse y le sobra el amor fiel.
No se pasa la vida reprochando
ni guarda rencor para siempre.
No nos trata según nuestros pecados
ni nos devuelve lo que merecen nuestras culpas.

Lo que el cielo se alza sobre la tierra,
eso mide su amor con los que lo temen.
Lo que se aleja el oriente del poniente,
eso aleja de nosotros nuestras faltas.
Como un padre se enternece con sus hijos,
tiene el Señor ternura por quien lo teme.
Él conoce bien de qué barro nos hizo,
no olvida que somos polvo.

La vida del hombre es como la hierba:
florece igual que la flor del campo;
le pasa el viento por encima, y ya no está,
ni el sitio donde estuvo lo vuelve a ver.
Pero el amor fiel del Señor con los que lo temen
viene de siempre y dura para siempre,
y su justicia llega a los hijos de sus hijos,
a los que mantienen su alianza
y tienen presentes sus preceptos para cumplirlos.

El Señor ha puesto su trono en el cielo,
y su reinado lo gobierna todo.
Bendecid al Señor, ángeles suyos,
fuertes y poderosos, que cumplís lo que dice
en cuanto oís su palabra.
Bendecid al Señor, todos sus ejércitos,
servidores que hacéis su voluntad.
Bendecid al Señor, criaturas suyas,
estéis donde estéis en su reino.
Alma mía, bendice al Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Edición de Ramón Fandos, traducción fiel del griego y del hebreo.

Tres tramos en el Oficio de lectura

Ocupa toda la salmodia del Oficio de lectura del miércoles de la cuarta semana del salterio, partido en tres: versos 1 a 7, 8 a 16 y 17 a 22, cada tramo con su antífona. Es una hora pensada para rezar sin prisa, y el salmo lo agradece, porque cada imagen pide su pausa.

Como el resto del salterio, el turno le llega una vez cada cuatro semanas, sea Adviento, Cuaresma, Pascua o Tiempo Ordinario.

Una memoria agradecida

Es un salmo para hacer memoria. Puedes rezar los cinco primeros versos y luego seguir tú la lista: qué te ha sido perdonado, de qué te has curado, de dónde te han sacado.

Va bien antes o después de la confesión. El verso del oriente y el poniente dice hasta dónde se va lo perdonado: tan lejos que ya no se encuentra.

En días de cansancio o de enfermedad, el verso 14 da descanso: «Él conoce bien de qué barro nos hizo». No hace falta explicarle a Dios la propia fragilidad. La conoce, y es justo ahí donde el salmo habla de ternura.

Y si te quedas con una sola frase, que sea la del principio, dicha a ti mismo como quien se despierta: «Alma mía, bendice al Señor y no olvides ninguno de sus favores».

Salmodiando te da cada día las horas enteras, con sus salmos, su cántico y su antífona propia, sin que tengas que buscar nada. Puedes rezarlas solo o a coros con tu grupo. Gratis, sin registro y sin anuncios.

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