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Salmo 51: Apiádate de mí, Dios mío

El Miserere: el salmo de quien ha hecho daño y quiere volver.

Se reza en Laudes todos los viernes, las cuatro semanas del salterio.

Es el salmo penitencial más rezado, conocido como «Miserere» por su primera palabra en latín. En las biblias actuales lleva el número 51; en los libros de la Liturgia de las Horas, el 50. No da vueltas ni busca disculpas: dice «pequé» y, casi sin respirar, pide algo que solo Dios puede hacer, un corazón nuevo.

Rezar la hora de hoy

De dónde viene

El salmo trae un título largo, que en las biblias actuales ocupa los versos 1 y 2: «Al director del coro. Salmo de David. Cuando el profeta Natán fue a verlo, después de que él había estado con Betsabé».

La historia a la que remite está en el segundo libro de Samuel (2 S 11 y 12). David toma a Betsabé, la mujer de Urías, y hace que Urías muera en la guerra. Natán va a verlo y le cuenta el caso de un rico que le roba a un pobre su única oveja. David se indigna, y el profeta le dice: «Ese hombre eres tú». David responde: «He pecado contra el Señor».

Eso es lo que dice el título, y así lo ha leído la tradición: como la oración de David en ese momento. El texto del salmo no nombra ni a Betsabé ni a Urías, y por eso ha podido hacerlo suyo cualquiera.

San Pablo cita el verso 6 en la carta a los Romanos (Rm 3,4). Y el verso 17, «Abre, Señor, mis labios», es la frase con la que empieza cada día la Liturgia de las Horas.

Qué dice, por partes

Apiádate (versos 3 y 4)Antes de nombrar el pecado nombra a Dios: su amor fiel, su gran ternura. Pide tres cosas seguidas: borra, lava, limpia.
Lo reconozco (versos 5 a 8)No hay excusas ni atenuantes. «Contra ti pequé»: lo hecho a otros toca a Dios. Decir que nació en la culpa no es echarle la culpa a su madre: es reconocer que el mal le viene de muy atrás y de muy adentro.
Un corazón nuevo (versos 9 a 14)Aquí está el centro. No pide solo perdón, pide que lo rehagan: «créame un corazón limpio». El verbo «crear» es en la Biblia cosa de Dios. Y pide volver a oír la alegría.
Lo que haré (versos 15 a 19)El perdonado enseñará a otros el camino y cantará. Lo que ofrece no es un animal sobre el altar, sino lo único que tiene: un corazón roto.
Jerusalén (versos 20 y 21)La oración se abre a todo el pueblo: que se reconstruyan las murallas de la ciudad y vuelva el culto.

El salmo completo

Apiádate de mí, Dios mío, por tu amor fiel;
por tu gran ternura, borra mis rebeldías.
Lávame a fondo de mi culpa
y límpiame de mi pecado.

Porque yo conozco mis rebeldías
y tengo siempre delante mi pecado.
Contra ti, solo contra ti pequé,
hice lo que es malo a tus ojos.
Así tienes razón cuando hablas
y quedas sin reproche cuando juzgas.
Mira que nací en la culpa,
y en pecado me concibió mi madre.
Mira que amas la verdad en lo más hondo,
y en lo secreto me enseñas sabiduría.

Rocíame con el hisopo y quedaré limpio;
lávame y quedaré más blanco que la nieve.
Déjame oír el gozo y la alegría,
y que bailen los huesos que quebraste.
Aparta tu rostro de mis pecados
y todas mis culpas, bórralas.

Dios mío, créame un corazón limpio
y renueva dentro de mí un espíritu firme.
No me eches lejos de tu presencia
ni me retires tu santo espíritu.
Devuélveme el gozo de tu salvación
y sostenme con un espíritu generoso.
Enseñaré tus caminos a los rebeldes,
y los pecadores volverán a ti.

Líbrame de la sangre, Dios, Dios de mi salvación,
y mi lengua cantará tu justicia.
Abre, Señor, mis labios,
y mi boca dirá tu alabanza.
Un sacrificio no te agrada;
si te ofreciera un holocausto, no lo aceptarías.
El sacrificio que agrada a Dios es un espíritu quebrantado;
un corazón roto y humillado,
tú, Dios mío, no lo desprecias.

Por tu bondad, haz bien a Sion,
levanta las murallas de Jerusalén.
Entonces aceptarás los sacrificios debidos,
el holocausto y la ofrenda entera;
entonces subirán novillos a tu altar.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Traducción propia, hecha para esta página.

Cuándo se reza en la Liturgia de las Horas

Es el primer salmo de Laudes de todos los viernes, en las cuatro semanas del salterio. El viernes es el día en que se recuerda la muerte de Jesús, y la oración de la mañana empieza pidiendo misericordia. Ningún otro salmo vuelve con esa frecuencia a Laudes: quien reza las horas acaba sabiéndolo de memoria.

Rezarlo hoy

Es el salmo para cuando sabes que has hecho daño y no quieres ni justificarte ni hundirte. Tiene las dos cosas que hacen falta: la verdad sin rebajas y la confianza de que hay vuelta.

No hace falta haber hecho algo grave. Sirve también para lo de cada día: una palabra dura, una mentira pequeña, alguien a quien no atendiste. Puedes poner eso, con su nombre, antes de empezar.

Si solo vas a quedarte con un verso, que sea el 12: «Dios mío, créame un corazón limpio». Es corto y se puede repetir a lo largo del día.

Y fíjate en el verso 10: «Déjame oír el gozo y la alegría». El salmo no quiere dejarte triste. Pide que la alegría vuelva.

Salmodiando te da cada día las horas enteras, con sus salmos, su cántico y su antífona propia, sin que tengas que buscar nada. Puedes rezarlas solo o a coros con tu grupo. Gratis, sin registro y sin anuncios.

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