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Salmo 5: Escucha mis palabras, Señor

La oración de quien madruga para presentarle a Dios su caso.

Se reza en Laudes del lunes de la primera semana del salterio.

Es una oración de primera hora. Alguien se levanta temprano, se pone delante de Dios y le cuenta lo que le preocupa: hay gente que miente y que le busca la ruina. Y después espera. Lleva el número 5 en las biblias actuales y en los libros de la liturgia, porque hasta el salmo 8 las dos numeraciones son iguales.

Rezar la hora de hoy

De dónde viene

El encabezamiento hebreo dice: «Al maestro de coro. Para flautas. Salmo de David». La palabra que se suele traducir por «flautas» es rara y no se sabe con certeza a qué se refería; casi todos piensan en un instrumento de viento.

Es una súplica individual. Algunos estudiosos piensan que la decía alguien acusado injustamente que acudía al templo a pedir amparo y esperaba allí, de madrugada, la respuesta de Dios. Es una hipótesis razonable, porque la mañana era en Israel la hora en que se esperaba la ayuda y el juicio, y el salmo habla de «entrar en tu casa». Pero el texto no lo dice expresamente.

El verbo que aquí se traduce por «te presento mi caso» se usaba también para preparar la ofrenda sobre el altar o para exponer los argumentos ante un juez. Las dos cosas caben: el que reza ofrece su oración y, a la vez, explica su pleito.

San Pablo cita el verso 10 en la carta a los Romanos (3,13), dentro de una cadena de textos del Antiguo Testamento sobre la maldad humana: «su garganta es una tumba abierta». La imagen es fuerte: una boca que huele a muerte aunque las palabras suenen dulces.

Qué dice, por partes

La petición (versos 2 a 4)Escucha, date cuenta, atiende: tres verbos para pedir lo mismo. Lo que el orante dice no son solo palabras en voz alta; también lo que lleva por dentro. Y llama a Dios «mi Rey», como quien acude al tribunal del rey para que le hagan justicia. De madrugada habla, y luego se queda atento.
Quién no cabe en la casa de Dios (versos 5 a 7)Un retrato rápido de lo que Dios no soporta: la maldad, la arrogancia, la mentira, la sangre y la trampa. No es un sermón sobre otros; es la razón por la que el orante confía en que su caso será oído.
Yo, en cambio (versos 8 y 9)Aquí está el corazón del salmo. El que reza no entra en la casa de Dios por sus méritos, sino «gracias a tu inmenso amor fiel». Entra con respeto, se inclina, y pide algo muy práctico: un camino llano, porque hay enemigos al acecho.
Los que mienten y los que se refugian (versos 10 a 13)El verso 11 es duro: pide que Dios los declare culpables y los expulse. Es el grito de quien sufre la mentira de otros y no tiene más tribunal que Dios. Pero el salmo no termina ahí, sino en la alegría de todos los que se refugian en él, rodeados de su favor como de un escudo.

El salmo completo

Escucha mis palabras, Señor,
date cuenta de lo que te digo por dentro.
Atiende cuando te pido socorro,
mi Rey y mi Dios, que es a ti a quien rezo.

Señor, de madrugada escuchas mi voz;
de madrugada te presento mi caso, y espero atento.
Tú no eres un Dios a quien le guste la maldad,
el malo no puede ser tu huésped.
Los arrogantes no aguantan tu mirada;
odias a todos los que hacen el mal.
Acabas con los que dicen mentiras;
al hombre sanguinario y tramposo el Señor lo detesta.

Yo, en cambio, gracias a tu inmenso amor fiel,
puedo entrar en tu casa;
me inclino hacia tu santo templo, con temor reverente.
Señor, guíame con tu justicia,
que tengo enemigos al acecho;
ábreme un camino llano por donde ir.

Nada de lo que dicen es de fiar,
por dentro son pura ruina;
su garganta es una tumba abierta,
y con la lengua lo endulzan todo.
Decláralos culpables, Dios mío,
que fracasen sus propias intrigas;
por la cantidad de sus delitos, expúlsalos,
que contigo se han puesto en rebeldía.

Y que estén contentos todos los que en ti buscan amparo,
que griten de alegría para siempre;
tú los proteges, y los que aman tu nombre
encuentran en ti su fiesta.
Tú, Señor, llenas de bendiciones al justo,
lo rodeas de tu favor como con un escudo.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Edición de Ramón Fandos, traducción fiel del griego y del hebreo.

Cuándo se reza en la Liturgia de las Horas

Se reza en Laudes del lunes de la primera semana, la oración de la mañana. Es el primer salmo de Laudes de un día de trabajo en todo el ciclo de cuatro semanas, y le sienta bien: habla de madrugar, de presentar el día a Dios y de esperar.

En la Liturgia de las Horas se reza sin el verso 11, el que pide que los mentirosos sean declarados culpables y expulsados. La reforma de Pablo VI dejó fuera algunos versos de los salmos que se consideraron más difíciles para la oración común. Aquí, en el texto completo, está entero.

No es un uso nuevo: san Benito, en su Regla (capítulo 13), ya lo ponía en las Laudes del lunes.

Rezarlo hoy

Es un salmo para rezar antes de mirar el teléfono. Antes de que lleguen los mensajes y las prisas, decirle a Dios lo que te espera hoy y lo que te inquieta. Luego, como el salmista, quedarte un momento en silencio, «atento».

Si estás pasando por una situación en la que alguien te ha hecho daño con mentiras, el verso 11 no está ahí para escandalizarte. Te deja ponerle nombre a la injusticia delante de Dios, en lugar de rumiarla todo el día. Pedir que se haga justicia no es lo mismo que tomársela por tu mano.

Y puedes quedarte con el verso 9 para el resto del día: «ábreme un camino llano por donde ir». Es una oración corta, de las que se repiten al andar.

Salmodiando te da cada día las horas enteras, con sus salmos, su cántico y su antífona propia, sin que tengas que buscar nada. Puedes rezarlas solo o a coros con tu grupo. Gratis, sin registro y sin anuncios.

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