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San Eladio de Toledo

Un hombre de la corte que prefirió el monasterio.

Se celebra el 18 de febrero.

Antes de que Toledo tuviera a san Ildefonso, tuvo a Eladio, el obispo que lo ordenó diácono. Fue un personaje importante de la corte visigoda que, sin dejar de cumplir con sus obligaciones, se escapaba al monasterio para rezar con los monjes, hasta que se quedó con ellos. Te contamos lo que se sabe de él, de dónde viene casi todo lo que sabemos y una oración para su fiesta.

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Un alto cargo en la corte de Toledo

Eladio nació en la segunda mitad del siglo VI, cuando Toledo era la capital del reino visigodo. Pertenecía a una familia distinguida y llegó a ocupar un puesto de mucha responsabilidad en el palacio: se ocupaba de los asuntos públicos del reino, una especie de alto funcionario de la administración real.

Eran años decisivos. En el 589, en el tercer concilio de Toledo, el rey Recaredo abandonó el arrianismo y abrazó la fe católica, y con él buena parte de la nobleza goda. Algunas fuentes dicen que Eladio estuvo presente en aquel concilio; no hay forma de comprobarlo, pero sí sabemos que vivió de cerca la transformación de un reino que pasaba a ser oficialmente católico.

El monasterio de Agali

A las afueras de Toledo, cerca del Tajo, había un monasterio llamado Agali, o Agaliense, del que salieron varios obispos de la ciudad. Hoy no se conoce con certeza dónde estaba exactamente. Eladio iba allí siempre que sus ocupaciones se lo permitían. No llegaba como un señor de visita: se cuenta que ayudaba a los monjes en las tareas del campo y que cargaba con ellos los sacos de grano.

Durante un tiempo vivió así, con un pie en el palacio y otro en el claustro. Al final eligió. Dejó la corte, tomó el hábito en Agali y, pasados los años, los monjes lo eligieron abad. El hombre que había mandado en los asuntos del reino aprendió a obedecer y, después, a gobernar una comunidad con otro estilo.

Obispo de Toledo

Hacia el año 615, a la muerte del obispo Aurasio, Eladio fue elegido para la sede de Toledo. La ocupó unos dieciocho años. Su experiencia en la corte le serviría para tratar con los reyes, pero no cambió su manera de vivir: siguió siendo un monje con cargo de obispo, austero en lo suyo y muy generoso con los pobres.

Murió hacia el año 632. Toledo vivía entonces una época de esplendor cultural y religioso que alcanzaría su punto más alto en las décadas siguientes, con obispos como san Eugenio, san Ildefonso y san Julián. Ildefonso, monje también de Agali, seguiría el mismo camino que Eladio: del monasterio a la sede de la ciudad.

Lo que sabemos, gracias a Ildefonso

Casi todo lo que conocemos de Eladio procede de una obra de san Ildefonso, Sobre los varones ilustres. Ildefonso continuó así un libro anterior de san Isidoro de Sevilla, pero con un cambio importante: no incluyó solo a escritores, sino también a obispos que destacaron por su santidad o por su manera de gobernar. Eladio entra en esa lista por su vida, no por sus libros: no se conserva ninguna obra escrita por él.

Ildefonso no hablaba de oídas. Él mismo cuenta que recibió el diaconado de manos de Eladio, hacia el final de la vida del obispo. Por eso su retrato tiene el valor de un testimonio directo, el de un discípulo que conoció a su maestro y que años más tarde ocuparía su misma sede.

Del palacioUn hombre de gobierno, con experiencia en los asuntos públicos del reino visigodo.
Del claustroUn monje que trabajaba con sus manos y que llegó a abad de Agali.
De los pobresUn obispo recordado por su generosidad con los necesitados.

Una fiesta en tiempo de Cuaresma

El 18 de febrero cae a menudo en los primeros días de Cuaresma, e incluso puede coincidir con el Miércoles de Ceniza, como ocurrió en 2026. Le va bien. Eladio supo dejar cosas importantes para quedarse con lo esencial, y eso es lo que propone la Cuaresma a quien quiera vivirla: hacer sitio a Dios en medio de las ocupaciones.

No conocemos ninguna oración tradicional dedicada a él que se haya extendido. Esta se ha escrito para esta página:

Señor, Eladio tenía poder e influencia, y aun así buscaba el silencio del monasterio para estar contigo. Cuando fue pastor, no se olvidó de los pobres.

Ayúdame a encontrar un rato de calma en medio de mis tareas, a no dejar que el trabajo me lo quite todo y a usar lo que tengo para ayudar a quien lo necesita.

Te pido por la Iglesia de Toledo y por quienes tienen responsabilidades de gobierno. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Rezar hoy desde Salmodiando

Algunas maneras sencillas de recordarlo hoy:

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