El soldado que aprendió a escuchar lo que pasaba dentro de él.
Íñigo López de Loyola nació en 1491 en la casa torre de Loyola, en Azpeitia (Gipuzkoa). Quería fama, armas y corte. Una bala de cañón le cambió los planes, y de una larga convalecencia salió un hombre nuevo que acabaría fundando la Compañía de Jesús y dejando a la Iglesia una de sus maneras de rezar más conocidas: los Ejercicios Espirituales.
En mayo de 1521, defendiendo el castillo de Pamplona frente a las tropas francesas, una bala de cañón le destrozó una pierna. Lo llevaron a Loyola, y allí, durante meses de reposo, pidió libros de caballerías. En casa solo había una vida de Cristo y un libro de vidas de santos. Los leyó, y empezó a notar algo: cuando soñaba con hazañas mundanas se quedaba después seco y triste; cuando pensaba en imitar a los santos, la alegría le duraba. De esa observación nació su manera de discernir.
En 1522 fue a Montserrat, dejó su espada ante la Virgen y cambió sus ropas por las de un pobre. Después pasó cerca de un año en Manresa, rezando largas horas, a menudo en una cueva junto al río Cardener. Allí vivió momentos de gran oscuridad y de gran luz, y empezó a escribir lo que después serían los Ejercicios.
Los Ejercicios no son un libro para leer, sino una guía para quien acompaña a otro en un tiempo de oración, tradicionalmente de cuatro semanas. Proponen contemplar la vida de Jesús imaginándose dentro de la escena, examinar el día con calma y aprender a reconocer lo que acerca a Dios y lo que aleja.
Una de sus prácticas más sencillas es el examen del día: unos minutos por la noche para dar gracias, repasar lo vivido, ver dónde estuvo Dios y pedir luz para mañana. Cualquiera puede hacerlo, sin haber hecho nunca los Ejercicios completos.
Ignacio estudió en Alcalá, en Salamanca y después en París, donde reunió a un pequeño grupo de compañeros; entre ellos, el navarro Francisco Javier. En 1534 hicieron sus votos en Montmartre. En 1540 el papa Pablo III aprobó la Compañía de Jesús, e Ignacio fue elegido su primer superior general. Pasó el resto de su vida en Roma, escribiendo las constituciones y miles de cartas.
Murió en Roma el 31 de julio de 1556. Fue canonizado el 12 de marzo de 1622 por Gregorio XV, el mismo día que Francisco Javier, Teresa de Jesús, Isidro Labrador y Felipe Neri.
En Azpeitia y Loyola. Es patrono de Gipuzkoa y de Bizkaia. En Azpeitia, su pueblo, el 31 de julio hay procesión por el casco antiguo y misa mayor en la parroquia, en plenas fiestas de San Ignacio. El santuario de Loyola, construido alrededor de su casa natal, recibe ese día a muchos visitantes.
El Camino Ignaciano. Hay un camino de peregrinación que une Loyola con Manresa siguiendo el recorrido que hizo Ignacio en 1522. Se puede hacer entero o por tramos.
En los colegios y parroquias jesuitas. Muchos celebran ese día con misas, encuentros de antiguos alumnos o una jornada de retiro.
La hemos escrito para esta página. Puedes rezarla entera o quedarte con lo que te diga algo:
San Ignacio, tú que aprendiste a leer lo que pasaba dentro de ti en una cama de convaleciente, enséñanos a notar dónde nos espera Dios en lo que vivimos cada día.
Te encomendamos a los que están parados a la fuerza: los enfermos, los que se recuperan de una operación, los que han visto frustrados sus planes. Que ese tiempo detenido no sea tiempo perdido.
Y al final del día, cuando repasemos lo vivido, que sepamos dar gracias primero, pedir perdón sin angustia y esperar el día siguiente con confianza. Amén.
Para rezar a la manera de san Ignacio, sin salir de casa:
Salmodiando te da cada día las horas enteras de la Liturgia de las Horas, con sus himnos, sus salmos y sus lecturas propias, sin que tengas que buscar nada. Puedes rezarlas solo o a coros con tu grupo. Gratis, sin registro y sin anuncios.