Un hombre del campo que rezaba mientras trabajaba la tierra.
San Isidro fue un labrador madrileño del siglo XII, casado, padre de familia, que trabajó a jornal las tierras de otros. No escribió nada, no fundó nada y no salió de su tierra. Y sin embargo Madrid lo tiene por patrono desde hace siglos, y el campo español lo invoca cada primavera. Su vida cabe en pocas líneas: trabajo, oración y una casa abierta a quien lo necesitaba.
Isidro nació en Madrid hacia el año 1080, cuando la villa era todavía una población pequeña. La tradición sitúa su muerte en 1172. Trabajó como labrador para un propietario de la zona, Iván de Vargas, en las tierras que había al otro lado del Manzanares.
Lo que sabemos de él procede sobre todo de un códice escrito en el siglo XIII, conocido como Códice de Juan Diácono, que recoge su vida y sus primeros milagros. Desde muy pronto los madrileños acudieron a su sepulcro, y su culto fue creciendo durante siglos hasta que el papa Pablo V lo beatificó en 1619. El 12 de marzo de 1622, Gregorio XV lo canonizó en Roma en la misma ceremonia que a santa Teresa de Jesús, san Ignacio de Loyola, san Francisco Javier y san Felipe Neri. En 1960, san Juan XXIII lo declaró patrono de los agricultores españoles.
Su cuerpo reposa hoy en la Colegiata de San Isidro, en Madrid, junto a los restos de su esposa.
Isidro se casó con María, a quien la tradición hace natural de la zona de Torrelaguna, al norte de Madrid. Se la conoce como María «de la Cabeza» porque su cabeza se veneró durante mucho tiempo como reliquia en una ermita de aquella comarca. Tuvieron un hijo, al que la tradición llama Illán.
Ella también es venerada como santa, de modo que la de Isidro y María es una de las pocas parejas de esposos que la Iglesia honra juntos en los altares. Es un matrimonio corriente, de gente trabajadora, y quizá por eso se entiende tan bien.
Alrededor de su figura creció una rica tradición popular. No son hechos comprobables, pero forman parte de cómo el pueblo ha recordado a su santo:
Al otro lado del Manzanares está la pradera de San Isidro, donde la tradición sitúa sus trabajos y la fuente. Allí se levantó una primera ermita en 1528, por iniciativa de la emperatriz Isabel de Portugal, esposa de Carlos V. Se cuenta que lo hizo en agradecimiento por la curación de su hijo, el futuro Felipe II, tras beber el agua de la fuente. La ermita actual es de 1725, sufrió daños en la Guerra Civil y fue restaurada después.
La romería a la pradera tiene siglos de historia. Goya la pintó a finales del siglo XVIII, con Madrid al fondo y la gente merendando en la hierba, y hoy sigue siendo una de las estampas más conocidas de la ciudad.
En Madrid. El día de San Isidro es fiesta local. Mucha gente se acerca a la ermita para rezar y beber el agua de la fuente, y la pradera se llena de familias, música y trajes castizos. Las fiestas se alargan varios días en torno al 15.
En el campo. Muchos pueblos de España, donde el santo es patrono o simplemente muy querido, celebran ese día su propia romería: la imagen sale en procesión entre los sembrados, se bendicen los campos y, en algunos lugares, también los tractores y los animales de labor.
En casa. Si no tienes romería cerca, puedes recordarle con algo sencillo: una oración antes de empezar a trabajar, o dar gracias por quienes cultivan lo que comes cada día.
Escrita para esta página. Puedes rezarla tal cual o con tus propias palabras:
San Isidro, tú que rezabas con las manos en el arado, enséñanos a encontrar a Dios en el trabajo de cada día, en lo pequeño y en lo repetido, sin necesidad de hacer nada extraordinario.
Te encomendamos a quienes cultivan la tierra, a quienes esperan la lluvia o temen la helada, y a todos los que trabajan sin que nadie lo vea. Que su esfuerzo dé fruto y que no les falte lo necesario.
Con santa María de la Cabeza, cuida de nuestras familias y de nuestras casas. Que en ellas haya siempre pan para compartir y sitio para quien llegue. Amén.
Si quieres acompañar la fiesta con oración, aquí tienes varias formas de hacerlo, solo o con otros:
Salmodiando te da cada día las horas enteras de la Liturgia de las Horas, con sus himnos, sus salmos y sus lecturas propias, sin que tengas que buscar nada. Puedes rezarlas solo o a coros con tu grupo. Gratis, sin registro y sin anuncios.