El obispo generoso del que nació, siglos después, Santa Claus.
De san Nicolás se sabe con seguridad muy poco: que fue obispo de Mira, en la costa de la actual Turquía, en el siglo IV. Lo demás lo fueron poniendo la devoción y las leyendas, y fueron tantas que su figura viajó de Oriente a Occidente hasta convertirse en un personaje de Navidad. Merece la pena separar los hilos: el obispo, sus leyendas, sus reliquias en Bari y el largo camino que lleva hasta Santa Claus.
Nicolás fue obispo de Mira, en la región de Licia, y murió un 6 de diciembre, en el año 345 o en el 352, según las fuentes. Es casi lo único seguro. Los relatos dicen que nació en Patara, en la misma región, que estuvo preso durante la persecución de Diocleciano y que salió libre cuando llegó al poder Constantino.
También cuentan que asistió al Concilio de Nicea, en el año 325. Pero su nombre no figura en ninguna de las listas antiguas de obispos que estuvieron allí, así que es una tradición, no un dato comprobado.
Su culto, en cambio, es muy antiguo. En el siglo VI el emperador Justiniano le dedicó una iglesia en Constantinopla, y su nombre aparece en la liturgia que se atribuye a san Juan Crisóstomo. En las Iglesias de Oriente es uno de los santos más venerados, sobre todo en Rusia. En Occidente su culto se extendió desde el siglo X por Alemania y, en Italia, con la llegada de sus reliquias a Bari.
Sus leyendas se recogieron por escrito en griego en el siglo X, y en Occidente las difundió la Leyenda dorada, el gran libro de vidas de santos del siglo XIII. La más famosa cuenta que un vecino noble se había arruinado y, sin dote para sus tres hijas, pensaba entregarlas a una vida indigna. Nicolás, que había heredado una fortuna, echó de noche por la ventana de aquella casa una bolsa de oro, sin dejarse ver. Más tarde echó otra, y luego una tercera, hasta que las tres pudieron casarse. De ahí viene la costumbre de los regalos a escondidas que se hacen en su nombre.
Otra leyenda cuenta que unos marineros a punto de naufragar lo invocaron, que se les apareció un hombre con su rostro y que la tempestad se calmó; al llegar a su iglesia lo reconocieron sin haberlo visto nunca. Por historias así lo tienen por patrono los marineros, y también los niños, los comerciantes, los panaderos y los viajeros. Son relatos piadosos que no se pueden comprobar, pero dibujan a un pastor generoso y discreto, que ayuda sin buscar agradecimiento.
En 1087, después de que los turcos arrasaran Mira, según la Leyenda dorada, unos marineros y comerciantes de Bari, en el sur de Italia, se llevaron sus restos a su ciudad. Allí se levantó la basílica de San Nicolás, donde se veneran desde entonces. Por eso en Occidente lo llamamos «de Bari», aunque nunca fue obispo allí. De sus reliquias, dicen los devotos, mana un líquido que llaman «maná de san Nicolás».
Bari es también un lugar de encuentro entre Oriente y Occidente. En julio de 2018 el papa Francisco reunió allí a responsables de las Iglesias de Oriente Medio para rezar por la paz, y recordó que junto a ellos descansaba un «obispo de Oriente» cuya veneración atraviesa las fronteras entre las Iglesias.
En España, Alicante lo tiene por patrono. Según la historia local, la ciudad pasó a manos cristianas un 6 de diciembre de 1244, y el infante Alfonso, que luego sería Alfonso X, la puso bajo su protección. Su iglesia mayor es hoy la concatedral de San Nicolás, y en la ciudad su día tiene rango de fiesta en el calendario litúrgico.
En los Países Bajos, en Alemania y en Suiza se mantuvo durante siglos la costumbre de que san Nicolás trajera en secreto regalos a los niños el 6 de diciembre. El nombre de «Santa Claus» viene de una forma popular neerlandesa de su nombre. Suele decirse que la costumbre la llevaron a Nueva Ámsterdam, la futura Nueva York, los colonos holandeses, pero los historiadores encuentran pocas pruebas de ello en la colonia. Quienes la promovieron fueron neoyorquinos aficionados a la historia, como John Pintard, fundador de la Sociedad Histórica de Nueva York, a comienzos del siglo XIX.
En 1809 Washington Irving llenó de referencias a un san Nicolás bonachón su Historia de Nueva York, una obra satírica. En 1823 se publicó el poema «Una visita de san Nicolás», atribuido a Clement Clarke Moore (otros lo creen de Henry Livingston), donde ya llega la noche antes de Navidad en un trineo tirado por renos. Desde 1863 el dibujante Thomas Nast lo fijó en la revista Harper's Weekly como un hombre grueso y alegre, y desde 1931 los anuncios de Coca-Cola, con los dibujos de Haddon Sundblom, lo extendieron por todo el mundo. El traje rojo no lo inventó la publicidad: ya se le pintaba de rojo hacia 1836.
El obispo de Mira y el Papá Noel de los anuncios son, en el fondo, el mismo personaje, transformado por el tiempo. Recordar al primero no le quita nada a la ilusión del segundo, y quizá le devuelve su sentido: dar en secreto a quien lo necesita.
Para su día, o para estas semanas de compras y regalos, una oración compuesta para Salmodiando:
Señor, Nicolás ayudó en secreto a quien lo necesitaba, sin buscar agradecimiento. Enséñame a dar así, con discreción y con alegría.
Te pido por los niños, por los que viajan por mar y trabajan en él, y por las familias que no llegan a fin de mes, como aquel padre de las tres hijas.
Que en estos días de regalos no me olvide de quien no tiene nada, y que mi generosidad se parezca a la tuya. Te lo pido por Jesucristo, tu Hijo. Amén.
El 6 de diciembre cae siempre en Adviento, y cuando es domingo, como en 2026, su memoria cede el paso al domingo. Algunas maneras de rezar estos días:
Salmodiando te da cada día las horas enteras de la Liturgia de las Horas, con sus himnos, sus salmos y sus lecturas propias, sin que tengas que buscar nada. Puedes rezarlas solo o a coros con tu grupo. Gratis, sin registro y sin anuncios.