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Santa Escolástica

La hermana de san Benito, que con su oración ganó una noche de conversación.

Memoria obligatoria el 10 de febrero. Patrona de las monjas benedictinas.

Todo lo que sabemos de santa Escolástica cabe en dos capítulos breves de un libro escrito medio siglo después de su muerte. Y sin embargo esa escena, una mujer que reza y una tormenta que obliga a su hermano a quedarse, ha bastado para que se la recuerde en toda la Iglesia. Aquí tienes lo que cuenta la fuente, lo que se añadió más tarde y una oración para su memoria.

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La única fuente: dos capítulos de san Gregorio

Escolástica nació en Nursia, en la Umbría italiana, a finales del siglo V. Su hermano Benito llegaría a ser el padre del monacato de Occidente. Una tradición del siglo IX dice que eran gemelos; puede que lo fueran, pero ninguna fuente antigua lo afirma.

Lo que se sabe de ella lo cuenta el papa san Gregorio Magno en el libro segundo de sus Diálogos, dedicado a la vida de Benito, que escribió hacia el año 593 o 594. Son los capítulos 33 y 34. Gregorio dice que Escolástica se había consagrado a Dios desde la infancia y que iba a ver a su hermano una vez al año.

La tradición añade que vivió al frente de una pequeña comunidad de mujeres cerca de Montecassino, el monasterio que Benito fundó hacia el año 529. Gregorio no da más detalles de su vida: no habla de su comunidad, ni de sus escritos, ni de su aspecto. Su interés está en una sola tarde.

La tormenta de la última visita

Benito bajaba con algunos monjes a una casa que pertenecía al monasterio, no lejos de él, y allí se encontraba con su hermana. Pasaban el día alabando a Dios y hablando de cosas santas. Al caer la noche cenaban juntos.

Aquella vez, cuando ya era tarde, Escolástica le pidió que no se fuera, que se quedaran hablando hasta la mañana de las alegrías del cielo. Benito se negó: no podía pasar la noche fuera del monasterio. El cielo estaba despejado. Ella apoyó la cabeza entre las manos, sobre la mesa, y rezó. Cuando la levantó, estalló una tormenta de truenos, relámpagos y lluvia tan fuerte que ni Benito ni los monjes pudieron salir.

Gregorio pone en boca de los dos un diálogo que se recuerda desde entonces. Benito, contrariado, le pregunta qué ha hecho. Ella le responde, más o menos así (la traducción del latín es nuestra): «Te lo pedí a ti y no quisiste escucharme; se lo pedí a mi Señor, y él me ha escuchado». Pasaron la noche en vela, hablando de Dios.

El comentario del papa es breve y famoso. No le extraña que la hermana pudiera más que el hermano, porque Dios es amor, y en latín resume: illa plus potuit, quae amplius amavit, «pudo más la que amó más».

Una paloma sobre Montecassino

Tres días después, cuenta Gregorio, Benito estaba en su celda y vio el alma de su hermana subir al cielo en forma de paloma. Dio gracias a Dios, avisó a los monjes y mandó traer su cuerpo al monasterio. La enterró en el sepulcro que había preparado para sí mismo, para que, dice Gregorio, la tumba no separara a quienes la oración había tenido siempre unidos en Dios. Poco después Benito fue enterrado en el mismo lugar.

No sabemos la fecha exacta de su muerte; la tradición la sitúa hacia el año 543. Montecassino fue destruido varias veces a lo largo de la historia, la última por los bombardeos de 1944, y siempre se reconstruyó. Allí se veneran los restos de los dos hermanos, aunque desde la Edad Media algunos monasterios de Francia dicen haber recibido parte de ellos. Es una cuestión discutida que no cambia lo esencial.

Patrona de las monjas y de los días de tormenta

Escolástica es considerada la primera monja benedictina, y las benedictinas la celebran el 10 de febrero como solemnidad. En el calendario general de la Iglesia su día es memoria obligatoria. Por la escena de los Diálogos se la invoca contra las tormentas, y en el arte se la reconoce por el hábito negro, el libro de la Regla y una paloma.

Más allá de las costumbres, su historia deja una idea sencilla y nada ingenua: la regla tiene su valor, pero el amor está por encima, y la oración de quien ama tiene fuerza. Gregorio no reprocha a Benito su fidelidad a la norma; solo constata que aquella noche ganó la que más amaba.

Una oración para hoy

Esta oración está escrita para esta página. Puedes rezarla tal cual o con tus palabras:

Señor, Escolástica te pidió una noche más de conversación con su hermano, y se la diste. Enséñame a pedirte las cosas con su confianza, sin miedo a parecer insistente.

Te pido por mis hermanos y por las personas a las que quiero: que no nos falte el tiempo para hablar de lo que importa, y que la prisa no nos robe los encuentros que no se repiten.

Te pido por las monjas que rezan en tantos monasterios mientras el mundo duerme. Que su oración sostenga a la Iglesia como la de Escolástica sostuvo a su hermano. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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