salmodiando.es

Salmo 27: El Señor es mi luz, el Señor me salva

El salmo de quien no tiene miedo y, aun así, pide que no lo dejen solo.

Se reza en las Vísperas del miércoles de la primera semana del salterio.

Empieza con una de las frases más firmes de todo el salterio y termina con un consejo en voz baja: pon tu esperanza en el Señor. En las biblias actuales lleva el número 27; en los libros de la Liturgia de las Horas, que siguen la numeración de las antiguas versiones griega y latina, el 26. Dentro caben la seguridad y la súplica, y el salmo no intenta separarlas.

Rezar la hora de hoy

De dónde viene

El encabezamiento hebreo dice solo «De David». La atribución es la del título; el salmo no cuenta en qué circunstancia se rezó, aunque habla de ejércitos, de falsos testigos y de un templo donde se quiere vivir.

Tiene dos mitades de tono tan distinto que a veces se han leído como dos oraciones unidas: la primera habla de Dios con plena confianza; la segunda le habla a Dios con urgencia. Rezadas juntas se parecen mucho a la vida real, donde ambas cosas llegan el mismo día.

En la tradición judía asquenazí es costumbre recitarlo a diario durante el mes de Elul y las fiestas de otoño, como preparación para el año nuevo y el día del perdón. Una lectura rabínica antigua une el primer verso con esas dos fiestas: «mi luz» y «me salva».

Qué dice, por partes

Sin miedo (versos 1 a 3)Dos preguntas que no esperan respuesta: ¿de quién voy a tener miedo?, ¿ante quién me voy a echar a temblar? Los peligros son serios, un ejército acampado, una guerra, pero la confianza no depende de que desaparezcan.
Una sola cosa (versos 4 a 6)De todo lo que podría pedir, quien reza pide solo una cosa: quedarse a vivir en la casa del Señor y gozar de lo hermoso que es el Señor. La casa es también escondite: una cabaña, una tienda, una roca alta.
Tu rostro es lo que busco (versos 7 a 12)Aquí cambia el tono. Ya no se habla de Dios, se le habla: escucha, respóndeme, no te escondas de mí. Y aparece el verso más desnudo del salmo: aunque me abandonen padre y madre, el Señor me recogerá.
Esperanza (versos 13 y 14)El final vuelve a la certeza, pero ahora es una certeza hacia adelante: veré con mis ojos el bien que hace el Señor aquí, entre los vivos. Y una voz, la propia o la de otro, dice dos veces: pon tu esperanza en el Señor.

El salmo completo

El Señor es mi luz, el Señor me salva:
¿de quién voy a tener miedo?
El Señor es el baluarte de mi vida:
¿ante quién me voy a echar a temblar?

Cuando se me echan encima los que hacen el mal
para devorarme vivo,
son ellos, mis adversarios y mis enemigos,
los que tropiezan y caen.
Aunque acampe un ejército frente a mí,
mi corazón no tiene miedo;
aunque me declaren la guerra,
aun así sigo confiando.

Una sola cosa le pido al Señor,
y eso es lo que busco:
quedarme a vivir en la casa del Señor
mientras me dure la vida,
para gozar de lo hermoso que es el Señor
y frecuentar su templo.
Porque en el día malo
él me pone a cubierto en su cabaña,
me esconde en lo más hondo de su tienda,
me pone en alto, sobre una roca.
Y ahora levanto la cabeza
por encima de los enemigos que me rodean;
en su tienda ofreceré sacrificios entre gritos de júbilo,
y al Señor le cantaré con música.

Escucha, Señor, mi voz cuando te llamo;
ten compasión de mí, respóndeme.
El corazón me repite lo que tú dices: «Buscad mi rostro».
Tu rostro, Señor, es lo que busco.
No te escondas de mí,
no apartes con ira a tu siervo:
tú has sido mi ayuda;
no me sueltes, no me abandones,
Dios que me salvas.
Aunque me abandonen padre y madre,
el Señor me recogerá.

Enséñame, Señor, tu camino,
llévame por una senda llana,
porque hay quien me acecha.
No me entregues al capricho de mis adversarios,
porque se alzan contra mí falsos testigos
que echan violencia por la boca.

Yo sé que veré con mis ojos el bien que hace el Señor
aquí, entre los vivos.
Pon tu esperanza en el Señor;
ten fuerza, que no te falle el ánimo;
pon tu esperanza en el Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Edición de Ramón Fandos, traducción fiel del griego y del hebreo.

Cuándo se reza en la Liturgia de las Horas

Aparece en las Vísperas del miércoles de la primera semana del salterio. Al caer la tarde, cuando la luz se va, se empieza diciendo «el Señor es mi luz».

Rezarlo hoy

Si hoy tienes miedo de algo concreto, empieza por el primer verso y ponle nombre a ese miedo en la pregunta: ¿de quién, de qué voy a tener miedo?

Si lo que te pasa es que tienes demasiadas cosas en la cabeza, quédate en el verso 4: «una sola cosa». Ayuda preguntarse cuál sería la tuya.

El verso 10 es para quien ha sido abandonado por alguien que debía cuidarlo. No lo explica ni lo arregla, pero dice que hay quien recoge.

Y las dos últimas líneas se pueden rezar por otra persona, diciéndole su nombre por dentro: pon tu esperanza en el Señor, ten fuerza.

Salmodiando te da cada día las horas enteras, con sus salmos, su cántico y su antífona propia, sin que tengas que buscar nada. Puedes rezarlas solo o a coros con tu grupo. Gratis, sin registro y sin anuncios.

Rezar la hora de hoy

Sigue rezando