Una niña de doce años que no quiso decir lo que no creía.
En la Mérida romana, Augusta Emerita, vivía a finales del siglo III una niña cristiana llamada Eulalia. Murió mártir en el año 304, durante la gran persecución de Diocleciano, con unos doce años. Su memoria llenó durante siglos los caminos de peregrinos, y todavía hoy es una de las santas más queridas de España.
Casi todo lo que sabemos de ella viene de un himno del poeta hispano Prudencio, escrito menos de un siglo después de su muerte, en su libro de las coronas de los mártires, el Peristephanon. Según su relato, cuando llegó la orden de sacrificar a los dioses, su madre la escondió en el campo. Eulalia se escapó de noche, se presentó ante el gobernador y declaró que era cristiana.
La torturaron y murió quemada. Prudencio cuenta que en el momento de morir salió de su boca una paloma blanca, y que después cayó una nevada que cubrió su cuerpo. Son imágenes de un poema, y así hay que leerlas; pero el martirio de Eulalia, que la tradición sitúa el 10 de diciembre del año 304, y su culto están atestiguados desde muy antiguo.
Sobre el lugar donde fue enterrada se levantó, tras la paz de Constantino, uno de los primeros templos cristianos de Hispania. En la Alta Edad Media Mérida fue uno de los grandes destinos de peregrinación de Occidente gracias a ella. La iglesia actual se reconstruyó en el siglo XIII, tras la reconquista de la ciudad. Desde 1990 se excavó su cripta, que se puede visitar y donde se ven casas romanas, enterramientos cristianos y los restos de la primera basílica.
Delante de la iglesia está el Hornito de Santa Eulalia, una pequeña capilla que, según la tradición, recuerda el horno donde fue martirizada. En el siglo XVII se decoró con piezas de un antiguo templo romano dedicado a Marte, que todavía se pueden ver en su fachada. Es uno de los rincones más queridos de los emeritenses.
Barcelona venera a otra santa Eulalia, también mártir y también muy joven, cuya fiesta es el 12 de febrero y cuyos restos reposan en la cripta de la catedral barcelonesa. Algunos historiadores piensan que las dos tradiciones podrían venir de una sola mártir; otros defienden que son dos santas distintas. La Iglesia celebra a las dos, cada una en su día.
Las reliquias de la Eulalia de Mérida, por su parte, se llevaron a Oviedo en la Edad Media, y hoy es también patrona de la archidiócesis de Oviedo.
En Mérida. En torno al 10 de diciembre la ciudad celebra a su patrona con misas, procesión y actos populares. Es un buen momento para visitar la basílica, la cripta y el Hornito.
En Asturias. Oviedo, donde se guardan sus reliquias, la recuerda también ese día.
En Adviento. Su fiesta cae en pleno Adviento, pocos días después de la Inmaculada. Es una buena ocasión para acordarse de los niños que hoy sufren por su fe o por cualquier otra causa.
La hemos escrito para esta página. Puedes rezarla entera o quedarte con lo que te diga algo:
Santa Eulalia, eras una niña y no quisiste decir lo que no creías. Tuviste más valor que muchos mayores, y no por dureza, sino por amor.
Te encomendamos a los niños que sufren: los que pasan miedo, los que viven la guerra, los que nadie escucha. Y a los jóvenes que buscan algo verdadero a lo que agarrarse.
Cuenta la tradición que de tu boca salió una paloma y que la nieve te cubrió. Que también a nosotros nos cubra la paz de Dios cuando lleguen los momentos difíciles. Amén.
Si no puedes ir a Mérida, o quieres acordarte de ella cualquier otro día:
Salmodiando te da cada día las horas enteras de la Liturgia de las Horas, con sus himnos, sus salmos y sus lecturas propias, sin que tengas que buscar nada. Puedes rezarlas solo o a coros con tu grupo. Gratis, sin registro y sin anuncios.