La Virgen que, según la tradición, esperó siglos escondida en la muralla de Madrid.
En lo alto de Madrid, frente al Palacio Real, está la catedral de Santa María la Real de la Almudena. Dentro, sobre un trono de plata, una imagen de la Virgen con el Niño que los madrileños sienten muy suya. Su nombre viene del árabe al-mudayna, «la ciudadela»: el recinto amurallado donde nació la villa y donde hoy se levanta su catedral.
Cuenta la tradición que, antes de la llegada de los musulmanes, los cristianos de Madrid escondieron una imagen de la Virgen en la muralla para protegerla. Pasaron más de trescientos años. En 1085, cuando el rey Alfonso VI entró en Madrid, quiso encontrarla y organizó una procesión para buscarla.
Según el relato, el 9 de noviembre de ese año, al pasar la procesión junto a la muralla, cerca de la puerta de la Vega (la actual cuesta de la Vega), se desprendió un trozo del muro y apareció la imagen, con dos velas que seguían encendidas a su lado. De ahí viene la fecha de la fiesta.
Es una leyenda, y así se cuenta. Los historiadores piensan que la imagen original se talló durante la repoblación cristiana de Madrid y se colocó en la antigua mezquita convertida en iglesia principal de la villa, Santa María. La talla que se venera hoy es de madera dorada y policromada, de finales del siglo XV o del XVI.
Madrid no tuvo catedral durante siglos. El rey Alfonso XII puso la primera piedra el 4 de abril de 1883, impulsado en parte por el deseo de su primera esposa, la reina María de las Mercedes, que murió muy joven. En 1885 se creó la diócesis de Madrid-Alcalá, y la cripta se abrió al culto en 1911.
Las obras se pararon casi por completo en 1965 por falta de dinero, y no se retomaron con fuerza hasta 1984. Por eso el edificio mezcla un interior de aire gótico con un exterior clásico, obra de Fernando Chueca Goitia y Carlos Sidro. En 2000 los restos de la reina Mercedes se trasladaron a la catedral, cumpliendo su deseo de descansar a los pies de la Virgen.
El 8 de junio de 2026, en su viaje a España, el papa León XIV rezó ante la imagen y le entregó la Rosa de Oro, una distinción que los papas conceden muy pocas veces.
La misa y la procesión. El 9 de noviembre se celebra una misa solemne al aire libre, en la plaza de la Almudena, junto a la catedral. Después la imagen sale en procesión hasta la Plaza Mayor y vuelve.
La ofrenda floral. Durante el día, en la misma plaza, cualquiera puede acercarse a dejar flores a la Virgen.
La corona. En estos días se comparte la corona de la Almudena, un dulce típico de la fiesta. En muchas casas de Madrid es la excusa para reunirse y acordarse de ella.
Todo el año. Si pasas por la cuesta de la Vega, estás junto al sitio donde la tradición sitúa el hallazgo. Y la catedral está abierta para quien quiera entrar un rato a rezar.
La hemos escrito para esta página. Puedes rezarla entera o quedarte con lo que te diga algo:
Santa María de la Almudena, cuenta la tradición que esperaste en silencio, escondida en la muralla, con dos velas encendidas a tu lado. Tú sabes lo que es esperar sin que nadie lo vea.
Te encomendamos esta ciudad grande y a menudo cansada: a los que llegan de lejos buscando una vida, a los que viven solos, a los que madrugan y a los que no duermen. Que nadie se sienta extranjero bajo tu mirada.
Mantén encendida en nosotros la pequeña luz de la fe, aunque a veces parezca que todo se ha venido abajo. Y cuando caigan nuestros muros, que te encontremos a ti, esperándonos con tu Hijo. Amén.
Si no puedes estar en Madrid el 9 de noviembre, o si quieres acompañar a la Virgen cualquier otro día:
Salmodiando te da cada día las horas enteras de la Liturgia de las Horas, con sus himnos, sus salmos y sus lecturas propias, sin que tengas que buscar nada. Puedes rezarlas solo o a coros con tu grupo. Gratis, sin registro y sin anuncios.