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Qué es la adoración eucarística

Estar un rato en oración ante el pan consagrado, en el sagrario o expuesto en la custodia.

La adoración eucarística es la oración que se hace ante la Eucaristía fuera de la misa. Parte de una convicción católica: en el pan consagrado Cristo está presente de verdad, y esa presencia permanece cuando la misa ha terminado. De ahí nace la costumbre de quedarse un rato delante, en silencio. Aquí tienes qué es cada cosa, de dónde viene y cómo estar ese rato.

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Del sagrario a la adoración

El Catecismo de la Iglesia Católica cuenta el origen en su número 1379. El sagrario estaba destinado al principio a guardar dignamente la Eucaristía para llevarla, fuera de la misa, a los enfermos y a los ausentes. Al profundizar en la fe en la presencia real de Cristo, la Iglesia tomó conciencia del sentido de la adoración silenciosa del Señor presente bajo las especies eucarísticas.

Las dos cosas siguen unidas. La instrucción Redemptionis Sacramentum, de 2004, recuerda que la reserva tiene como primer fin la comunión de los enfermos y que el culto a la Eucaristía fuera de la misa está íntimamente unido a la celebración (nn. 129 y 134). La adoración nace de la misa y lleva de vuelta a ella.

Qué es cada cosa

La visita al SantísimoEntrar en una iglesia y rezar un rato ante el sagrario cerrado. El Catecismo la llama prueba de gratitud y signo de amor (n. 1418).
La exposiciónLa hostia consagrada se pone a la vista de todos para la oración. Puede hacerse con el copón o con la custodia, y puede ser breve o prolongada.
La custodiaTambién llamada ostensorio: la pieza, muchas veces en forma de sol, que sostiene la hostia tras un cristal para que pueda verse.
La bendiciónAl final de la exposición, el sacerdote o el diácono bendice a los presentes trazando la señal de la cruz con el Santísimo. Solo ellos pueden dar esta bendición.
La reservaTerminada la oración, la Eucaristía se guarda de nuevo en el sagrario.

El libro que lo regula es el Ritual de la sagrada comunión y del culto a la Eucaristía fuera de la misa, de 1973. Prevé que durante la exposición haya lecturas de la Escritura, cantos, oraciones y un tiempo amplio de silencio. Cuando se expone en la custodia se encienden cuatro o seis cirios y se usa el incienso (n. 85); antes de la bendición se canta un himno eucarístico, como el «Tantum ergo» (n. 97).

Redemptionis Sacramentum añade algunos detalles prácticos: ante el Santísimo expuesto se puede rezar el Rosario, cuidando su carácter contemplativo (n. 137); el Santísimo no queda expuesto sin que haya alguien presente, al menos por turnos (n. 138); y la exposición se interrumpe mientras se celebra la misa en el mismo lugar (n. 140).

Hora santa y adoración perpetua

La hora santa es una hora entera de oración ante el Santísimo. El nombre viene de Getsemaní, donde Jesús preguntó a sus discípulos si no habían podido velar una hora con él (Mt 26, 40). La práctica se difundió a partir de santa Margarita María de Alacoque, religiosa francesa del siglo XVII, que dedicaba a esa oración la noche de los jueves, de once a doce.

La adoración perpetua es la que no se interrumpe ni de día ni de noche, porque los fieles se relevan por turnos. Redemptionis Sacramentum recomienda que en las ciudades haya alguna iglesia destinada a ella (n. 140) y reconoce el derecho de los fieles a formar asociaciones para sostenerla (n. 141).

De dónde viene

Guardar la Eucaristía después de la misa para llevarla a los enfermos es una práctica de los primeros siglos. La oración ante ella se desarrolló sobre todo en la Edad Media occidental.

El primer caso documentado de adoración continuada es el de Aviñón, donde comenzó el 11 de septiembre de 1226. En 1264 el papa Urbano IV instituyó para toda la Iglesia la fiesta del Corpus Christi con la bula Transiturus; los textos litúrgicos de la fiesta se atribuyen a santo Tomás de Aquino. En la década de 1530 nació en Milán la devoción de las Cuarenta Horas, cuarenta horas seguidas de oración ante el Santísimo.

Es una forma de oración nacida en la tradición latina. Las Iglesias ortodoxas profesan la misma fe en la presencia real y reservan también la Eucaristía, pero en general no tienen esta devoción; algunas Iglesias orientales católicas sí la han adoptado.

Cómo estar ese rato

No hay un método obligatorio, y esa es una de sus ventajas: cabe quien viene con un libro, quien trae una preocupación y quien no sabe qué decir.

En silencio. Basta con estar. Si la cabeza se va, se vuelve sin reproches. A muchos les ayuda repetir despacio una frase breve, como la Oración de Jesús.

Con un salmo. Uno solo, leído despacio y dejando pausas. El salmo 23 y el 139 son buenos compañeros para empezar.

Con el Evangelio del día. Leerlo dos o tres veces, quedarse con una palabra y dejarla reposar, a la manera de la lectio divina.

Con una hora del Oficio. Laudes, Vísperas o Completas se pueden rezar ante el Santísimo, a solas o en grupo.

Con una intención. Traer a alguien por su nombre y dejarlo ahí.

Diez minutos sirven. Una hora no es obligatoria, y nadie mide el tiempo.

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