Blanco, rojo, verde, morado, rosa, negro y, en algunos lugares, azul.
Basta entrar en una iglesia y mirar la casulla del sacerdote para saber en qué momento del año estamos. Los colores litúrgicos son un lenguaje sin palabras: dicen si es tiempo de espera o de fiesta, si se recuerda a un mártir o se reza por los difuntos. Aquí tienes qué significa cada uno, cuándo se usa en el rito romano y cómo se llegó a la lista actual.
La Ordenación General del Misal Romano, el texto que explica cómo se celebra la misa, lo dice en su número 345: la variedad de colores quiere expresar de forma visible el carácter de lo que se celebra y el sentido de una vida cristiana que avanza a lo largo del año litúrgico. El número siguiente, el 346, enumera los colores y los días de cada uno.
Un matiz: ese texto dice cuándo se usa cada color, pero no explica su simbolismo. El significado que se suele dar a cada uno (la luz, la sangre, la esperanza) viene de la tradición y de la catequesis, y así lo presentamos aquí.
El mismo número añade que en los días más solemnes pueden usarse vestiduras festivas o más nobles, aunque no sean del color del día. Por eso en las grandes fiestas se ven a veces ornamentos especialmente ricos.
El número 347 se ocupa de las misas rituales (un bautizo, una boda), de las misas por diversas necesidades y de las votivas, que tienen sus propias reglas de color.
El azul no figura en la lista del número 346. Se usa solo en lugares que tienen un privilegio concedido por la Santa Sede, y para un día concreto: la solemnidad de la Inmaculada Concepción, el 8 de diciembre. El caso más conocido es el de España, que lo tiene desde 1864, diez años después de la definición del dogma; también se usa en países de tradición hispana que conservan ese privilegio.
Fuera de esos lugares, las fiestas de la Virgen se celebran de blanco.
En los primeros siglos no había un sistema de colores. El primer reparto conocido para la Iglesia de Roma lo describe Lotario de Segni, el futuro papa Inocencio III, en un tratado sobre la misa escrito antes de su elección en 1198. Habla de cuatro colores principales: blanco para las fiestas, rojo para los mártires y Pentecostés, negro para los días de penitencia y los difuntos, y verde para el resto. El morado aparece allí como variante ocasional y se generalizó a partir del siglo XIII.
Durante la Edad Media cada región tuvo además sus propias costumbres. El Misal de san Pío V, en 1570, extendió a todo el rito romano la serie de blanco, rojo, verde, morado y negro, con el rosa para los dos domingos mencionados. La norma actual mantiene esa serie, con el negro y el rosa como colores de uso opcional.
El año litúrgico empieza de morado, con las cuatro semanas de Adviento, y pasa al blanco en Navidad. Siguen unas semanas de verde hasta el Miércoles de Ceniza, cuando vuelve el morado de la Cuaresma.
La Semana Santa concentra los cambios: rojo el Domingo de Ramos, blanco el Jueves Santo en la misa de la Cena del Señor, rojo el Viernes Santo y blanco desde la Vigilia pascual. El blanco dura los cincuenta días de Pascua y se cierra con el rojo de Pentecostés. Después llega el tramo más largo del año, de verde, salpicado por el blanco o el rojo de las fiestas y de los santos de cada día.
La Liturgia de las Horas sigue el mismo calendario que la misa: el tiempo litúrgico y el santo del día marcan los himnos, las antífonas y las lecturas de cada hora. Al abrir Salmodiando encuentras ya preparada la hora que toca, y el color principal de la página acompaña al color litúrgico del día.
Si quieres saber por qué hoy toca blanco o rojo, lo más rápido es mirar a quién se recuerda en el calendario.
Salmodiando te da cada día las horas enteras de la Liturgia de las Horas, con sus himnos, sus salmos y sus lecturas propias, sin que tengas que buscar nada. Puedes rezarlas solo o a coros con tu grupo. Gratis, sin registro y sin anuncios.