Santa Inés, virgen y mártir
Inés murió mártir en Roma siendo casi una niña, hacia el año 304, probablemente en la persecución de Diocleciano. Su memoria fue tan querida desde el principio que san Ambrosio y el papa san Dámaso escribieron sobre ella pocas décadas después, y una hija del emperador Constantino levantó una basílica junto a su sepulcro, en la vía Nomentana.
Según san Ambrosio, tenía unos doce o trece años. Se había consagrado a Cristo, se negó a ofrecer incienso a los dioses y afrontó la muerte con una serenidad que asombró a todos. Los relatos posteriores añadieron muchos detalles difíciles de comprobar.
Su nombre recuerda la palabra latina agnus, cordero, y por eso se la representa con uno en brazos. Hoy se recuerda también a san Fructuoso, obispo de Tarragona, quemado vivo en el 259 con sus diáconos Augurio y Eulogio.
Para rezar: Pide por los niños y adolescentes que sufren violencia, para que encuentren quien los proteja.