Santos Pedro y Pablo, apóstoles
La Iglesia de Roma celebra desde muy antiguo en un mismo día a los dos apóstoles que murieron en la ciudad y que son como sus columnas.
Pedro era pescador en Cafarnaún. Jesús le cambió el nombre de Simón por el de Pedro, «piedra», y le confió sus ovejas. Fue impulsivo y generoso: confesó que Jesús era el Mesías, lo negó tres veces y lloró su traición, y después de la resurrección le dijo tres veces que lo quería. Murió crucificado en Roma, y su tumba está bajo la basílica de San Pedro.
Pablo había perseguido a los cristianos hasta que Cristo le salió al paso en el camino de Damasco. Desde entonces recorrió el Mediterráneo fundando comunidades y escribió las cartas que leemos en misa. Murió decapitado en Roma, en la vía Ostiense.
Son muy distintos, y eso también enseña: en la Iglesia caben todos.
Para rezar: Pide por el papa, sucesor de Pedro, y por la unidad de la Iglesia.