Santos Áquila y Priscila, esposos
Áquila y Priscila eran un matrimonio judío que vivía en Roma. Cuando el emperador Claudio expulsó a los judíos de la ciudad, se instalaron en Corinto. Allí llegó san Pablo, y como tenían el mismo oficio, fabricar tiendas de campaña, se quedó a vivir y a trabajar con ellos (Hch 18,1-3).
Se convirtieron en sus colaboradores más fieles. Lo acompañaron a Éfeso, donde abrieron su casa para que la comunidad cristiana se reuniera en ella. Allí conocieron a Apolo, un predicador elocuente, y lo tomaron aparte para explicarle con más exactitud el camino de Dios (Hch 18,26).
Pablo los saluda con enorme gratitud en sus cartas: cuenta que arriesgaron la vida por él y que todas las Iglesias les estaban agradecidas (Rm 16,3-4). Son el retrato de un matrimonio que pone su casa y su trabajo al servicio del Evangelio.
Para rezar: Pide por los matrimonios que abren su casa a los demás, y abre tú la tuya a alguien esta semana.