Conversión de san Pablo, apóstol
Saulo era un judío de Tarso, fariseo celoso de la Ley, que perseguía a los cristianos convencido de que así servía a Dios. Había aprobado la muerte de Esteban y se dirigía a Damasco con cartas para detener a los seguidores de Jesús.
Cerca de la ciudad lo envolvió una luz del cielo. Cayó a tierra y oyó una voz: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?». Al preguntar quién le hablaba, escuchó: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues» (Hch 9,4-5). Se levantó ciego, y en Damasco un discípulo llamado Ananías le impuso las manos. Recobró la vista y fue bautizado.
Aquel encuentro cambió su vida entera. El perseguidor se convirtió en el gran apóstol de los paganos, que recorrió medio mundo anunciando a Cristo. Él mismo escribiría que ya no vivía él, sino que era Cristo quien vivía en él (Gál 2,20). Con esta fiesta se cierra cada año la Semana de oración por la unidad de los cristianos.
Para rezar: Pide a Dios la gracia de una conversión concreta, en eso que sabes que tienes que cambiar.