San Jenaro, obispo y mártir
Jenaro fue obispo de Benevento, en el sur de Italia, a comienzos del siglo IV. Según la tradición, durante la persecución del emperador Diocleciano fue apresado por visitar a unos cristianos encarcelados y murió decapitado cerca de Pozzuoli, junto a la bahía de Nápoles, hacia el año 305.
Sus reliquias acabaron en Nápoles, que lo tiene por patrono. En la catedral se guarda en dos ampollas de cristal una sustancia que se tiene por su sangre, habitualmente seca.
Desde el siglo XIV consta que varias veces al año, y sobre todo en su fiesta, se vuelve líquida ante los fieles. La Iglesia nunca se ha pronunciado oficialmente sobre el fenómeno, pero los napolitanos lo viven con enorme devoción y lo toman como un signo de la protección del santo sobre su ciudad.
Para rezar: Pide a Dios fortaleza para dar testimonio de tu fe también cuando no está bien visto.