La consulta de los Magos a Herodes sobre el nacimiento del Mesías desató su cruel reacción al sentirse amenazado en su poder. Ante la imposibilidad de hallar al niño, Herodes ordenó la matanza de todos los niños menores de dos años en la región, como un acto de control para mantener su poder. Los niños que murieron, los Santos Inocentes, sin saberlo se convirtieron en mártires por Cristo, pues murieron inocentemente en defensa de la vida del Salvador. Aunque no pudieron pedir el martirio, su sacrificio fue aceptado por Dios, convirtiéndolos en mártires involuntarios. Este sacrificio recuerda el valor de la vida y la gloria que se alcanza a través de la pureza y el sacrificio.
Santoral según el martirologio y el calendario litúrgico romano.