Presentación del Señor
Cuarenta días después de Navidad, María y José llevaron al Niño al templo de Jerusalén para presentarlo al Señor, como mandaba la ley de Moisés para los primogénitos. Como eran pobres, hicieron la ofrenda de los pobres: un par de tórtolas o dos pichones (Lc 2,24).
Allí los esperaba un anciano, Simeón, a quien el Espíritu Santo había prometido que no moriría sin ver al Mesías. Tomó al Niño en brazos y bendijo a Dios porque sus ojos habían visto la salvación, la luz que alumbra a las naciones (Lc 2,32). A María le anunció que una espada le atravesaría el alma. También la anciana profetisa Ana, que no se apartaba del templo, reconoció al Niño y hablaba de él a todos.
Por esas palabras de Simeón hoy se bendicen las velas, y en España se llama a esta fiesta la Candelaria. Desde 1997 es también la Jornada de la Vida Consagrada.
Para rezar: Enciende hoy una vela, o simplemente reza, pidiendo que Cristo sea la luz de tu vida.