San Dositeo, en su juventud fue soldado, pero tras un viaje a Tierra Santa, una visión del tormento del infierno lo llevó a una conversión radical. Abandonó el mundo y se hizo monje en Gaza, viviendo una vida de profunda contemplación y desapego total. Renunció a todo apego material y afectivo, buscando únicamente vivir para Dios y estar disponible para la eternidad. Incluso su lugar en el calendario, el 29 de febrero, refleja su humildad, pues ocupa un día que solo aparece en años bisiestos, simbolizando su desapego y renuncia a la gloria terrenal.
Santoral según el martirologio y el calendario litúrgico romano.