San Amós, profeta
Amós no era profeta de oficio. Él mismo lo dice: era pastor y cultivaba higos de sicómoro en Técoa, un pueblo de Judá, hasta que el Señor lo sacó de detrás del rebaño y lo envió a profetizar (Am 7,14-15).
En el siglo VIII antes de Cristo, Dios lo mandó al reino del norte, Israel, que vivía una época de prosperidad bajo el rey Jeroboán II. Pero la riqueza estaba en pocas manos. Amós denunció sin miedo a los que vendían al pobre por un par de sandalias (Am 2,6), a los que vivían en el lujo sin dolerse de los demás y un culto lleno de fiestas pero vacío de justicia.
El sacerdote de Betel lo expulsó y le mandó irse a profetizar a su tierra. Su libro sigue resonando hoy con su gran deseo: que el derecho fluya como el agua y la justicia como un torrente que no se seca (Am 5,24).
Para rezar: Pregúntate si hay alguna injusticia cerca de ti ante la que te has acostumbrado a callar.