San Eliseo, profeta
Eliseo estaba arando con doce yuntas de bueyes cuando el profeta Elías pasó a su lado y le echó encima su manto. Eliseo entendió la llamada: se despidió de sus padres, sacrificó los bueyes, dio de comer a su gente y se fue tras Elías (1 Re 19,19-21).
Cuando llegó la hora de que Elías fuera arrebatado al cielo, Eliseo le pidió heredar dos partes de su espíritu. Recogió su manto y continuó su misión en el reino de Israel, en el siglo IX antes de Cristo.
La Biblia cuenta de él muchos signos a favor de gente sencilla: multiplicó el aceite de una viuda, devolvió la vida al hijo de una mujer de Sunén y curó de la lepra a Naamán, un extranjero, al bañarse en el Jordán. Jesús recordó este último caso en Nazaret (Lc 4,27). Los carmelitas lo veneran como padre, junto a Elías. Hoy se recuerda también a los mártires de Córdoba Anastasio, Félix y Digna.
Para rezar: Pide a Dios que te dé un corazón dispuesto a dejarlo todo cuando Él te llame.