Santa Julia Billiart, virgen
Julia nació en 1751 en Cuvilly, un pueblo de Picardía, en Francia. De niña ya enseñaba el catecismo a otros niños. Hacia los veintidós años, tras un fuerte trauma, quedó paralítica, y así pasó más de veinte años, casi siempre en cama.
Desde su lecho seguía enseñando y aconsejando. Durante la Revolución Francesa tuvo que huir y esconderse por ayudar a sacerdotes perseguidos. En 1804 fundó en Amiens, con Françoise Blin de Bourdon, las Hermanas de Nuestra Señora, dedicadas a educar a las niñas pobres. Ese mismo año, tras una novena, se curó y volvió a caminar.
Se trasladó a Namur, en la actual Bélgica, donde murió el 8 de abril de 1816. Tenía siempre en los labios una frase sencilla: «¡Qué bueno es el buen Dios!». Fue canonizada en 1969.
Para rezar: Repite hoy, en lo bueno y en lo difícil: «¡Qué bueno es el buen Dios!».