En Tréveris, en la Galia Bélgica, san Modesto, obispo (c. 480).
San Sergio, mártir de Cesarea de Capadocia, vivió durante las persecuciones del emperador Diocleciano. Era un anciano magistrado que había abandonado su cargo para llevar una vida de eremita. Durante una celebración pagana en honor a Júpiter, su presencia apagó milagrosamente los fuegos de los sacrificios, lo que atribuyeron a la influencia cristiana. Sergio defendió públicamente su fe y proclamó la omnipotencia del Dios cristiano, por lo que fue arrestado y condenado a decapitación el 24 de febrero. Su cuerpo fue enterrado por cristianos y más tarde, sus reliquias trasladadas a Úbeda, en España.
Santoral según el martirologio y el calendario litúrgico romano.