San Ireneo, obispo y doctor de la Iglesia
Ireneo nació en Asia Menor en la primera mitad del siglo II. De joven escuchó en Esmirna a san Policarpo, que había conocido al apóstol san Juan. Así, por él pasa un hilo directo que une a los apóstoles con las generaciones siguientes.
Se estableció en Lyon, en la Galia, como presbítero. En el año 177, durante una persecución, fue enviado a Roma con una carta, y a su vuelta encontró muerto al obispo Potino. Lo eligieron a él como sucesor.
Escribió una gran obra, Contra las herejías, frente a los gnósticos, que despreciaban la materia y creían en un conocimiento secreto reservado a unos pocos. Ireneo defendió la bondad de la creación y la fe transmitida por los apóstoles, y dejó una frase célebre: la gloria de Dios es el hombre viviente. Murió hacia el año 202. En 2022 el papa Francisco lo declaró doctor de la Iglesia.
Para rezar: Da gracias por la fe que te llegó de otros y pide saber transmitirla.